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24 de diciembre de 2025

El bosón de Higgs y las personas

Como sabéis, se concedió a Peter Higgs el Nobel de Física.
El bosón de Higgs, que confiere masa a otras partículas, está dando mucho que hablar en los últimos días.  Cosa natural, puesto que se trata de un magnífico descubrimiento.  Los científicos de nuestra cultura están exultantes y los medios de comunicación se hacen eco de la noticia, intentando explicar y divulgar en qué consiste y por qué es tan importante. Este éxito se ha conseguido con la participación de muchísimos científicos, pertenecientes a 60 naciones.  Incluso alguien como yo, tan lega en estas materias, entiende que su descubrimiento es un gran paso adelante en el conocimiento.

Os dejo aquí un interesante enlace sobre el bosón.

Además de celebrarlo, me planteo una vez más uno de los enigmas de nuestra especie:  somos capaces de grandes logros hacia afuera (bajamos a las Fosas Marianas, llegamos a la Luna, descubrimos el bosón...) y avanzamos muy poquito hacia adentro:  ¿cómo funcionamos en realidad? ¿qué significan realmente los términos "memoria", "emoción", "sentimiento", "alma" y tantos otros que utilizamos alegremente para intentar expresar algo intangible que nos conforma?

En poco tiempo he obtenido interesantes explicaciones;  por ejemplo, Punset  nos dice que el alma está en el cerebro;  Annie Marquier  sostiene que el corazón tiene cerebro; Patrick Drouot que el corazón consigue coherencia para el organismo humano; el Dr. Caralps nos habla de la teoría de la memoria sistémica... Parece que nos estamos interesando en saber más y más cosas sobre el animal humano, y nos damos cuenta además de cuán poco sabemos a pesar de lo cerca que lo tenemos.

Todos estos planteamientos se alejan un tanto de las teorías médicas y psicológicas vigentes hasta el momento, puesto que intentan contemplar a la persona como un todo, desde un enfoque sistémico que anteriormente no se había aplicado al estudio de la persona.

Así que nuestra ciencia hacia afuera va avanzando a buen ritmo,   mientras nuestros conocimientos hacia adentro parece ser que van por otros derroteros;  aún nos falta mucho.  Que yo sepa, no hay en marcha ninguna investigación en la que se aúnen los esfuerzos de 60 naciones.  Durante siglos ha sido la religión lo que impedía mirar al animal humano como objeto de estudio, y quizás haya sido eso lo que ha favorecido la visión parcelada de la persona.  Ahora se comienza a avanzar en los conocimientos aplicando conjuntamente diferentes ópticas científicas, lo que resulta muy esperanzador. 

A efectos de las relaciones interpersonales en el ámbito profesional, de momento podemos buscar explicaciones a los comportamientos humanos no ya sólo en la psicología, sino también en la medicina, la neurociencia...  A la espera de un enfoque sistémico multidisciplinar, contamos con más herramientas para intentar comprender por qué hacemos lo que hacemos y obviamos lo que obviamos en el contexto de las organizaciones. ¿Cómo será el bosón personal?

Mientras nuestros científicos trabajan en ello, recordemos que la ciencia puede acompañarse de la poesía, la creatividad,  las leyendas..., facetas todas ellas muy humanas que nos enriquecen y ayudan a ver la vida desde muchos ángulos diferentes.  Te dejo aquí una preciosa leyenda india sobre la creación del hombre (¿Es religión, mito, o poesía?)


30 de septiembre de 2021

La sostenibilidad insostenible

Últimamente me como el coco cada vez más a menudo a propósito de los productos o servicios que consumo.  Más exactamente, a propósito de lo que las marcas  nos explican y lo que sé / intuyo al respecto.

Dos ejemplos recientes:  


una famosa marca de venta al por menor vía internet - que todos conocemos y hemos utilizado alguna vez -   ha participado en una convención virtual de ámbito nacional explicando que realiza grandes avances en materia de sostenibilidad, dotándose de una flota de vehículos eléctricos para el reparto que aumenta progresivamente para ir desechando los tradicionales vehículos a gasolina;

 una  famosa marca de refrescos anuncia a bombo y platillo todas las mejoras que ha introducido presentándolas como "una transformación estratégica de punta a punta, con la sostenibilidad como eje central". Entre otras medidas, anuncia la creación de una cadena de valor circular e inclusiva.

No sé si se trata de greenwashing o no, pero en cualquier caso todos esos avances que pregonan suscitan en los clientes preguntas relevantes cuyas respuestas pueden afectar a sus resultados, del tipo:

  • ¿Hasta qué punto es ético comprar vía internet un producto perfectamente prescindible (lo son la mayoría) sabiendo que traérmelo hasta mi casa supone un gasto energético por parte del transporte? ¿Cuánto cuesta realmente en términos de respeto al medio ambiente que una furgoneta haga un viaje solo para acercarme un paquete minúsculo?  Y eso suponiendo que no tenga que hacer dos viajes por ausencia del destinatario o que devuelva el producto, opción siempre presente que se presenta como opción en el reclamo de venta. 

  • ¿Hasta qué punto es ético esquilmar el planeta comprando un producto prescindible, que ha polucionado desde su fabricación y almacenamiento hasta su distribución "uno a uno"?

  • ¿Hasta qué punto es ético comprar un producto de "alimentación" que no aporta nada positivo a mi organismo y a cambio exige cantidades ingentes de agua, tierra cultivable, largos procesos industriales, enormes esfuerzos de almacenamiento y distribución, etc. etc.?

  • ¿Hasta qué punto es ético que yo apoye - comprando esos productos o servicios - la existencia en el mercado de marcas que, a pesar de sus esfuerzos en materia de sostenibilidad, ofrecen algo cuestionable desde el punto de vista de la salud, perfectamente prescindible y  que además es nocivo para el planeta?

  • ¿Hasta qué punto puedo considerarme corresponsable de que miles y miles de personas se queden sin trabajo si dejo de consumir esos productos/servicios?

  • ¿Hasta qué punto tengo suficientes elementos de juicio para tomar una decisión acertada?

  • ¿Dónde está el punto medio de equilibrio entre la necesidad de permitirme caprichos y el pepito grillo que me pone de relieve tantas incoherencias?

Vivimos en una sociedad desenfrenada, derrochona, egoísta, cortoplacista, con valores distraídos  y perniciosa para la salud del Planeta. ¿Cuánto tiempo más vamos a seguir viviendo así? ¿Cuántos esfuerzos personales estoy dispuesta a hacer para cambiar este terrible derrotero? ¿Cuánto tiempo puedo seguir haciéndome miles de preguntas antes de adquirir un producto/servicio sin acabar locuela perdida? ¿Dónde pongo la barrera entre lo que deseo, lo que necesito, lo que consumo?... y todas esas preguntas me sugieren otra:

¿Qué cosas podemos hacer los ciudadanos para apoyarnos unos a otros y conseguir poco a poco desterrar del mercado marcas que ofrecen sostenibilidad insostenible? 

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23 de julio de 2021

Poderoso caballero es don dinero

El discípulo, después de peregrinar por el mundo, se acercó a su maestro y le dijo:

- He conocido a mucha gente y he notado que es muy distinta la actitud de los ricos y la de los pobres hacia quienes se les acercan.  Cuando me acerco a un pobre, me abre las puertas de su casa, me pregunta cómo estoy y hasta me ofrece ayuda. 


Sin embargo, con los ricos es otra cosa.  Es muy difícil acercarse a ellos: viven en palacios, tienen guardias, y, cuando al fin uno está delante de ellos, ni nos miran y piden que sea breve, porque tienen muchas cosas que hacer.

El maestro le dijo: Acércate a la ventana.  ¿Qué ves?

- Veo a una señora con un niño. Y un coche que va al mercado.

-Bien.  Ahora ponte delante del espejo.  ¿Qué ves?

- ¡Venga ya, Maestro! Qué voy a ver, ¡a mí mismo!

- Pues ya ves: la ventana está hecha de cristal y de cristal está hecho el espejo.  Basta con poner un poco de plata detrás, y uno ya solo se ve a sí mismo y no ve a los demás.  Eso pasa con las riquezas de los ricos.

Esta preciosa alegoría es muy apropiada para la crisis que estamos viviendo, producto de la avaricia de unos pocos que están destrozando el mundo de todos, y también de la estulticia de todos nosotros que nos hemos dejado llevar por sus cantos de sirena.

A ver si con este escarmiento llamado coronavirus nos planteamos cómo vivimos, cómo derrochamos, cómo dejamos en la cuneta a millones de seres humanos, cómo martirizamos a millones de animales, cómo esquilmamos la naturaleza.... y somos capaces de vivir sin la plata que hemos colocado detrás del espejo.

Me encantaría conocer tu opinión sobre el particular, ¿te animas?  Gracias por anticipado :)

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19 de mayo de 2021

Tan lista como las hormigas

 Por razones que no vienen al caso, hace ya bastante tiempo pasé más de un mes, dos veces al día, enseñando a una persona una rutina importante para sus intereses y los míos.  Se trataba de caminar algunas calles, entrar en la estación del tren de cercanías, tomar el tren adecuado para llegar a la ciudad, caminar varias calles, bajar al metro, dirigirse a la línea adecuada, tomar el tren adecuado, bajarse en la parada adecuada, caminar varias calles y alcanzar finalmente el destino deseado.  Un trayecto largo y un tanto complicado, máxime para una persona que siempre había ido acompañada a todas partes.  

Así que, para asegurar el éxito, decidí diseñar un procedimiento ad hoc que ayudara a mi discípula a interiorizar la rutina: era muy importante que llegara a tener capacidad de moverse libremente y sin titubeos ante cada una de las decisiones que tenía que tomar durante el trayecto.

De forma que eché mano de una de tantas cosas que aprendí de los ingenieros y diseñé un procedimiento al más puro estilo ingenieril, con las  10 fases  ya citadas y sus correspondientes puntos clave.  Los puntos clave dentro de cada fase eran imprescindibles para fijar la atención en las cosas  importantes que había que hacer y en las cosas importantes que había que evitar.  Por ejemplo:

  • Tienes que ir al andén de la izquierda, porque tú eres zurda y te gusta hacer las cosas con la izquierda;
  • El nombre de la estación en la que tienes que bajar es "A", te acordarás muy bien porque rima con "a", como aquél cuento que te gustaba tanto cuando eras pequeña;
  • Para saber que ya te falta poco para llegar tienes que mirar por la ventanilla del tren y cuando veas un edificio así y asá, que se parece a xxxx (algo bonito y familiar para ella) y además unas farolas de tal y tal forma, que se parecen a yyyy y además aquél semáforo que está entre tal y tal como si fuera un zzzzz...  Y así sucesivamente para cada una de las fases.

También hacía que reparase en qué no debía tomar como referencia, como por ejemplo los coches rojos que veía, los carteles publicitarios, o cualquier otra cosa que le llamase la atención pero probablemente no estaría allí de forma permanente.

Durante la primera etapa del proceso yo iba mostrando todas las fases y sus correspondientes puntos clave para que ella los fuera repitiendo;  en la segunda etapa era ella quien los iba mencionando  uno a uno en su momento, como si ella dirigiera el recorrido, así yo podía ver el grado de interiorización de cada uno y corregir lo que fuera menester;  en la tercera y última etapa, ella hacía sola todo el recorrido y yo iba a una distancia prudencial, sin que ella lo supiera ni me viera, por si tenía alguna dificultad.

El procedimiento funcionó tan bien que aún ahora, después de muchos años, ha funcionado perfectamente después de más de un año de no aplicarlo a causa de la pandemia.

 Y aquí estoy yo, felicitándome por mi ocurrencia y dándome palmaditas por haber descubierto la piedra filosofal 😂😂😂... y de repente leo esto:

 Las hormigas tienen la habilidad de enseñar a los de su especie a través de un proceso llamado tandem running, cuyo principio consiste en que una hormiga experimentada muestra a sus compañeras (todas las hormigas obreras son hembras) el camino hacia la comida.  Se observa en la especie europea Temnothorax albipennis, la cual depende de puntos de referencia como árboles y rocas, además de rastros de olor, para recordar la ruta desde el hormiguero hasta una nueva fuente de alimento.  Para que varias hormigas puedan hallar comida, aquella que conoce el camino debe enseñarlo. La maestra corre al frente para mostrar el trayecto, pero se detiene de forma constante a esperar a su aprendiza, que avanza más despacio, al parecer porque necesita tiempo para tomar nota de los puntos de referencia por los que pasan.  Cuando la aprendiza está lista, toca a su maestra con las antenas y el recorrido continúa.  Es así como se cumplen los tres criterios de una "auténtica enseñanza":  la actividad sucede cuando la maestra se encuentra con una alumna que necesita aprender el camino, supone un afán por parte de la maestra (quien debe detenerse y esperar) y la alumna aprende más rápido que si hubiera hecho el recorrido por su cuenta. (Sverdrup-Thygeson, A, Terra Insecta  (2020) p. 37).


 ¡Glubs! Seguimos creyéndonos los reyes y señores de la naturaleza, y una hormiga -animal que pesa unos 3 miligramos y tiene un cerebro de aproximadamente un 1 milímetro cúbico- se comporta con sus compañeras como una buena profesora universitaria.  

Una vez más se constata que la naturaleza ha tenido miles y miles de años para aprender por ensayo y error. Emulémosla para ir mejorando y para comportarnos en consonancia con nuestro entorno, porque, como decía Einstein, mirar detenidamente a la naturaleza es la forma de entender todo mucho mejor.

Y estoy muy contenta de saber que soy tan lista como las hormigas 😀.

 

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11 de noviembre de 2020

El antropocentrismo nos está matando... a todos


Una vez más nos encontramos ante la tesitura de masacrar miles y miles de animales no humanos o permitir que una pandemia merme a los animales humanos. En esta ocasión se ha decidido eliminar millones de visones criados en granjas.


Es fácil de entender que las autoridades sanitarias, como la OMS, recomienden diferentes medidas para protegernos de los peligros de la zoonosis. Lo que ya cuesta más de aceptar es que hemos llegado a esas situaciones de riesgo por nuestro empecinado antropocentrismo:  estamos convencidos de que somos los reyes de la naturaleza, podemos utilizarla a nuestra conveniencia y cualquier decisión que nos favorezca como especie se acepta sin discusión.


En el caso concreto de los visones (obviamente podríamos hablar de muchísimos otros animales) nos permitimos torturarlos de diversas formas para satisfacer "necesidades" tan básicas como mostrar estatus social, estar a la última, lucir un  bello cuerpo adornado con bellos aditamentos… sin querer reflexionar ni por un momento en qué posición queda nuestro sentido de la ética.


anima naturalis explica que las condiciones de vida de las granjas peleteras para los animales obligados a vivir allí son desastrosas: o bien permanecen aislados o hacinados en estrechas jaulas metálicas, en naves cubiertas o a veces expuestos a las inclemencias del tiempo. Los animales están estresados (los visones son animales solitarios que se estresan mucho con el hacinamiento), y el aburrimiento y falta de estímulos los hacen automutilarse (mordiendo sus patas o colas), y también que, en las granjas peleteras, los animales son muertos de manera tal que su piel no resulte perjudicada. Por ello, son usualmente gaseados o electrocutados por vía bucal, anal o vaginal; o también son desnucados. Por el ritmo frenético de la granja, muchas veces los animales ni siquiera están totalmente muertos cuando son despellejados. Los restos de su cuerpo son vendidos a la industria cárnica de alimento para perros y gatos, o para la fabricación de abonos.


Una vida horrible seguida de una muerte horrible.  Para que unos cuantos animales humanos se vean guapos y todos los demás lo consideremos normal.   Y cuando no nos conviene -  por razones de seguridad de los animales humanos - continuar con esa tortura decidimos exterminar a cuantos animales no humanos sea preciso.

 


 
Según Amérigo,  existen personas antropocéntricas que centran su énfasis en lo humano y consideran a la naturaleza desde una perspectiva de control y utilidad; personas biosféricas que parecen preocupados por la contaminación de la naturaleza y que destacan características intrínsecas de la misma y, finalmente, personas apáticas, poco implicadas en las cuestiones medioambientales.  De acuerdo con esta definición, parece bastante claro que el conjunto personas antropocéntricas + personas apáticas están provocando que el entorno natural se degrade a pasos agigantados.


de Waal, por su parte, argumenta que si bien es cierto que los animales no son humanos, es igualmente cierto que los humanos son animales.  La resistencia ante esta sencilla pero innegable verdad subyace en la  resistencia frente al antropomorfismo.  He definido esta  resistencia como antroponegación: el rechazo a priori de características compartidas entre humanos y animales.  La antroponegación denota una ceguera voluntaria hacia las características humanas de los animales tanto como a las característica animales de los humanos.


Seguramente las personas biosféricas están de acuerdo con Riechmann: los seres vivos son dignos de consideración moral en virtud de que poseen intereses en la medida en que tienen un bien propio, y también con Mosterín:  Cada especie animal tiene su tipo de bienestar, lo que Aristóteles llamaba su bien.  Este bienestar depende de condiciones objetivas (sus intereses) que determinan su supervivencia, su salud, su ausencia de dolor y el despliegue de sus capacidades y actividades características.  


Marta Tafalla abunda en el tema argumentando que nuestra civilización se resiste a tomar conciencia del ecocidio que estamos cometiendo, pero, cuando lo hace, se centra en el calentamiento global y en sus consecuencias para la humanidad.  Mucha menos atención recibe el exterminio global de especies de fauna y flora. Nos hemos encerrado en una burbuja antropocéntrica que niega el vínculo con el resto de seres vivos, pero eso solo ha servido para fomentar la ignorancia y el egoísmo que amenazan con destruir la biosfera.  Necesitamos salir de la burbuja y reconocernos como animales ecodependientes.


Por eso, Chaverri Súarez expone que  corresponde a la bioética ocuparse de la relación responsable entre el hombre y los animales, en donde el bienestar animal debería ser prioridad para visualizar a los animales como dignos de ser objeto de consideración moral y de derecho.


Tal como explica Burroughs,  al estudiar la naturaleza, lo importante no es tanto lo que vemos sino cómo interpretamos lo que vemos.  ¿Llegamos al verdadero significado de los hechos? ¿Sacamos las conclusiones correctas?  El hombre observó los fósiles en las rocas durante muchos años antes de llegar a la conclusión acertada.  Lo mismo ocurre con cientos de otras cosas en la naturaleza y en la vida.


Urge que escuchemos a científicos, filósofos y otros animales humanos que nos aportan conocimiento para enderezar el rumbo:  la ética más elemental y el dramatismo de la destrucción actual de la naturaleza  debería impelernos a respetar a los animales.



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Referencias

Amérigo, M. (2009):  Concepciones del ser humano y la naturaleza desde el antropocentrismo y el biosferismo. Medio Ambiente y Comportamiento Humano 2009,10(3), 217-234. SSN 1576-6462.

Burroughs  (2018):  El arte de ver las cosas.  Errata naturae, Madrid.

Chaverri  Súarez, F. (2011):   Bioética animal: antropocentrismo y otras reflexiones. Praxis 66 - Enero-Julio.

de Waal, F. (2019):  Primates y filósofos, la evolución de la moral del simio al hombre. Paidós Transiciones.

Mosterín, J.  (2008):   Lo mejor posible: Racionalidad y acción humana.   Grupo Anaya Publicaciones, Colección Alianza Ensayo.
 

 Riechmann, J.,  (2000): Un mundo vulnerable. Madrid. Catarata.

Tafalla, M. (2019):  Ecoanimal. Una estética plurisensorial, ecologista y animalista.
Plaza y Valdés .   


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Noticias en medios:
•    anima naturalis: Animales para vestir

•    Redacción, noticia en BBC  News Mundo: Coronavirus en España: el sacrificio de casi 100.000 visones con coronavirus (y las dudas sobre cómo se contagiaron)

•    Redacción, noticia en Infocielo: Dinamarca sacrificará 17 millones por el Covid

•    Sánchez, E.  noticia en El País: En España se crían 750.000 visones en 37 granjas


 

11 de junio de 2020

Tenemos que bajarnos los humos

Ahora que ¡por fin! estamos entendiendo que nuestra soberbia y nuestra ambición como especie nos ha llevado a un punto de casi no retorno respecto al futuro de nuestro planeta, parece que poco a poco está calando la idea de que, lejos de ser los reyes de la  creación, solo somos un bicho más dentro del gran engranaje que llamamos vida.

Dicen que más vale tarde que nunca, así que alegrémonos de que comencemos esta transición desde el más arraigado antropocentrismo hacia una "nueva" cosmovisión que nos ayude a ponernos en nuestro sitio.  Porque reconocer las limitaciones propias y las características de los demás seres con quienes compartimos hogar es un excelente punto de partida para revertir la emergencia climática que difícilmente se logrará solo con las miopes medidas que están adoptando nuestros políticos.  De hecho, en esencia no se trata de tomar medidas (aunque es cierto que ayudan), sino de cambiar nuestra visión respecto a los recursos naturales y a la vida en general.

Es evidente que tenemos datos de sobra para que se nos bajen los humos: sabemos que nuestro genoma consta de unos 30.000 genes, (solo un 50% más que un  gusano), y también sabemos que compartimos con el chimpancé el 96%, 90% con el gato doméstico, 85% con el ratón, 84% con el perro, 69% con el ornitorrinco, 65% con el pollo… y 60% con el plátano, sin ir más lejos.

Diversos científicos han llegado a la conclusión de que la vida no es ese precioso y cuadriculado árbol con ramas matemáticamente dispuestas para representar los linajes, sino más bien una especie de enredadera que entrecruza y superpone sus ramas.  Ello ayuda a comprender mejor que tenemos un antepasado común con los árboles, y con numerosos animales muy diferentes entre sí.

Si aceptamos este planteamiento podemos empezar a ver la vida desde otro ángulo, lo que nos puede predisponer a aprender de la naturaleza.

A modo de ejemplo, incluyo un párrafo de "La vida secreta de los árboles" (Wohlleben  2016, p. 22): 

En un bosque de hayas, los árboles igualan sus debilidades y sus fuerzas; sin importar si son gruesos o delgados, todos los ejemplares producen la misma cantidad de azúcares en cada hoja con ayuda de la luz.  La igualdad se produce bajo tierra a través de las raíces mediante un intercambio activo en el
que entran en juego hongos que con su gigantesca estructura en forma de red actúan como una enorme máquina de distribución. Ello recuerda un poco al sistema de ayuda social, el cual impide que los miembros más desfavorecidos de la sociedad se hundan demasiado.  Para las hayas la densidad no es un problema, sino todo lo contrario. 

Joaquín Araújo  estaría de acuerdo con Wohlleben, porque él mismo ha dicho: La arboleda en realidad resulta indistinguible de nuestros primeros pasos, de nosotros mismos. De ahí que nada palidezca, sino todo lo contrario, si afirmamos que somos como somos porque una vez, no hace tanto tiempo, fuimos bosque. Reconozcamos, como nos enseñan los antropólogos, que la mayor parte de nuestro aspecto es el resultado de una convivencia,  de algo más de 10 millones de años. Nada de irreal tiene el afirmar que los primeros borbotones de la inteligencia, la comunicación verbal, los sistemas sociales y la habilidad manual, nacieron entre troncos, sombras y espesuras. Hasta el punto de que pocas cosas hemos hecho tan decisivas como “andarnos por las ramas”. Nuestros primos, los grandes primates, están todavía ahí para recordárnoslo.

Esta es solo una de las diversas posibilidades de mirar para aprender, porque, como nos recuerda Rifkin en su último libro El green new deal global, lo que aprendemos del cambio climático es que todo lo que hacemos afecta al funcionamiento de todo lo demás en la Tierra y tiene consecuencias para el bienestar de todas las criaturas con las que cohabitamos en el planeta.

Aprender a vivir en lugar de dominar es lo que nos lleva del dominio a la protección y del desapego antropocéntrico a la profunda colaboración con la Tierra viviente.

Muchas formas diferentes de aprender mirando a la naturaleza. Y muchas aplicaciones prácticas de esos aprendizajes, en nuestra vida particular, en los colegios, las empresas y otras instituciones, la política…

Las hayas intercambiando azúcar a través de sus raíces mediante la colaboración de los hongos se nos muestran como un ecosistema eficiente que puede inspirarnos para aplicar la idea en nuestro mundo empresarial; por ejemplo, en el sector comercio.

Somos conscientes de que cada vez es más difícil encontrar "comercios de toda la vida" en el entorno urbano. Han sido desplazados por unas cuantas multinacionales que ahogan los pequeños negocios, estandarizan el aspecto de las ciudades,  solo ofrecen productos muy rentables para ellas, dejan desiertos barrios enteros, entierran la cultura y tradiciones locales…. además de favorecer la compra de productos con gran huella ecológica en sus diferentes fases de producción, distribución y venta.

Si fuéramos capaces de mirar el tejido comercial de una ciudad como si fuera un hayedo es posible que encontráramos soluciones más respetuosas con el negocio local y con el planeta:  una asociación de intercambios de diversa índole favorecidos y apoyados por un sustrato común a modo de hongos, que favoreciera la salud y supervivencia de cada una de las "hayas": una asociación de comerciantes más allá de las típicas asociaciones, porque en este caso hablamos de compartir en función de las características de cada una; por supuesto que no se pueden hacer recomendaciones generales porque cada comercio, como cada árbol, tiene sus propias características;  pero poner en común las experiencias y conocimientos de cada comercio con espíritu de servicio a los demás y filosofía ganar - ganar  y compartir podría ser una excelente manera de fomentar esa capa invisible de hongos que favorecen los intercambios y la vida del ecosistema entero.

Tenemos capacidad suficiente para hacerlo con éxito, solo hemos de cambiar el enfoque y basarnos en la moral.  Tal como apunta Bekoff,  los científicos señalan que en realidad la moral tiene profundas raíces evolutivas anteriores en millones de años a la aparición de la humanidad: todos los animales sociales, como lobos, delfines y monos, poseen códigos éticos, adaptados por la evolución para promover la cooperación del grupo.

Plantearnos esta nueva visión global tiene también ventajas para las personas implicadas: la satisfacción personal que se logra cuando se tiene la certidumbre de que se está haciendo lo mejor posible para sí, los demás y el planeta incrementa la autoestima y la sensación frecuente de felicidad. Y ello genera una espiral virtuosa que consigue al fin mejorar la sociedad.

Si pudiéramos avanzar por este camino se podría demostrar que aplicamos con éxito esa preciosa frase de Gomá Lanzón que reza: Compórtate de tal manera que tu muerte sea escandalosamente injusta.


6 de mayo de 2020

Rediseñar nuestra cultura


Como explica Daniel Christian Wahl en Designing Regenerative Cultures,  la función más amplia de la ética, su imperativo ecológico, se extiende más allá de las preocupaciones antropocéntricas a la preocupación biocéntrica por la evolución continua de la vida. 

Me intereso por este autor porque tiene una visión holística  enraizada en la ética, y creo firmemente que sin ética no se pueden hacer en la actualidad los planteamientos a futuro que necesitamos urgentemente como sociedad

El propio Fritjof Capra   opina que  el libro de Wahl es una valiosa contribución a la importante discusión sobre la visión del mundo y el sistema de valores que necesitamos para rediseñar nuestros negocios, economías y tecnologías,  (de hecho, toda nuestra cultura), para que sean regenerativos en vez de destructivos.

En esta época de incertidumbre que nos ha tocado vivir  (y no será porque no nos hayan avisado nuestros científicos)  tenemos una preciosa oportunidad de pararnos a pensar  para decidir si queremos seguir esquilmando la Tierra para hacer negocios (y de paso hundir en la miseria a millones de animales humanos y no humanos), si queremos empecinarnos en el más de lo mismo, el eterno "volver a la normalidad" después de cada catástrofe. (Te dejo aquí un  artículo de Daniel Innerarity, Aprender de la crisis) que explica muy bien nuestro posicionamiento.

Esta crisis se me antoja especialmente inquietante porque se da una circunstancia nueva:  China,
como potencia emergente, se está adueñando del mercado y consecuentemente de nuestro próximo modus vivendi:  copan la producción mundial,   están a la cabeza en investigación y desarrollo, sus estrategias de penetración en la cultura occidental le están dando enormes frutos... y todo ello no sería especialmente preocupante si no fuera porque estamos hablando de un país que nos ha demostrado hasta la saciedad que está reproduciendo fielmente el modelo consumista occidental,  que su modelo de relaciones éticas es muy diferente del nuestro  y que no considera prioritario en absoluto ocuparse de la emergencia climática.

 Tal como vamos, más pronto que tarde nuestra cultura habrá sigo engullida por el coloso y estaremos a su merced tanto las personas como la Naturaleza.  

Nos queda la esperanza de que últimamente comenzamos a escuchar a los científicos (ojalá no sea demasiado tarde), pero necesitamos a la vez que la sociedad tome el protagonismo que ha ido dejando en manos de políticos incompetentes y cortoplacistas.  Necesitamos rediseñar nuestra cultura.

¿Cómo se hace eso?  Obviamente no tengo la solución, pero lo que sí tengo es la certidumbre de que cada uno de nosotros podemos poner nuestro famoso granito de arena para  facilitar la labor de los expertos y agilizar la transición hacia una nueva cultura del respeto en todas sus acepciones.

 Y cada uno de nosotros tenemos a mano cuatro potentes herramientas:

  1. Educar a las generaciones jóvenes entre todos, y no me refiero solamente a padres y maestros, sino a todos nosotros mediante el ejemplo que les demos con nuestros comportamientos, puesto que ahora es más cierto que nunca el dicho hace falta un pueblo entero para educar a un niño. (puedes ver Valores, infancia y sociedad).

  2. Potenciar en nosotros mismos y en los demás el sentido de la  responsabilidad (puedes ver Derechos, responsabilidades y bien común).

  3. Hacer una revisión personal de nuestros hábitos de consumo y compararlos con personas más desfavorecidas económica y socialmente (puedes ver ¿Qué tal si procurara no tener tanto para que los demás pudieran tener algo?).

  4. Meditar detenidamente a qué políticos vamos a confiar nuestro voto: asegurándonos tanto como nos sea posible de  que tienen los conocimientos necesarios para comprender la complejidad de la problemática, responsabilidad suficiente para buscar soluciones a largo plazo (dejando en segundo término la preocupación por mantener el puesto durante otra legislatura), humildad para aprender constantemente y capacidad de trabajar conjuntamente en pro del bien común global, porque ahora ya sabemos que lo que ocurre en una zona geográfica repercute en todas las demás.

Seguramente se te ocurren más herramientas, en cuyo caso no dudes en añadirlas a la lista... porque esta es una tarea, una ingente tarea, que hemos de realizar entre todos. ¿Te animas?

12 de abril de 2020

Es que no aprendemos

Durante mucho tiempo la UE ha estado batallando por difundir e implantar los ODS porque se ha considerado que es un  gran logro el acuerdo internacional para que la sociedad avance con criterios correspondientes al siglo XXI. Los 17 están interrelacionados, pero a efectos de este artículo vamos a fijarnos en los números 6 (agua limpia y saneamiento), 7 (energía asequible y no contaminante), 13 (acción por el clima), 14 (vida submarina) y 15 (vida de ecosistemas  terrestres), porque son los que hacen incidencia directa en la salud del planeta.

Después de muchos esfuerzos - no solo económicos -los ciudadanos somos cada vez más conscientes y los gobiernos van poco a poco legislando en consonancia, con el foco puesto en el año 2030.

En el Informe de 2018 sobre avances conseguidos se concluye que "los conflictos y los efectos del cambio climático fueron los principales factores que contribuyeron al crecimiento del número de personas que se enfrentan al hambre y al desplazamiento forzoso, además de limitar el progreso hacia el acceso universal a los servicios básicos relacionados con el agua y el saneamiento".

Ahora en 2020 el coronavirus ha trastocado los planes de gobiernos, empresas y ciudadanos. Respecto a los ODS,  puedes ver un resumen de los  efectos del virus aquí.  De este informe destaco un párrafo:  "Ahora más que nunca, el mensaje que queremos trasladar al sector empresarial es que los ODS abren un gran abanico de oportunidades económicas que podrían ser la puerta de salida de la crisis económica en la que nos estamos sumergiendo".

Bien está que el sector empresarial comience a replantearse su modus operandi, estregias y objetivos, porque en la sociedad actual no se puede hacer nada sin dinero y las empresas son las organizaciones cuya actividad genera dinero.

Y estaría aún mejor si - no solo las empresas, sino la sociedad en su conjunto - diéramos un paso más para no poner el dinero en el centro.  Como muy bien dice Ai Weiwei, emprendemos proyectos solo cuando nos traen beneficios, olvidándonos de los principios.

A título de ejemplo, mira lo que he leído recientemente en un diario de tirada nacional:  






 El límite de 95  g/km de media en las gamas de cada fabricante, con sus multas millonarias si no se cumple, será difícil de exigir ante otras prioridades tan imprescindibles como la liquidez y la reactivación del mercado.

Una vez más, el dinero en el centro.  Es cierto que la tremenda crisis que tenemos a las puertas generará pobreza y desamparo en millones de personas, algo inasumible si se tiene un mínimo de sensibilidad.  Pero estamos, una vez más, en el más de lo mismo. Y a pesar de que nunca ha sido una solución sino un parche, insistimos una y otra vez en aplicar la fórmula.

De forma que estamos en un círculo vicioso:  si no priorizamos lo económico muchas personas morirán a corto plazo. Si priorizamos lo económico (a corto y a largo plazo) la naturaleza morirá, y con ella la especie humana.  Recordemos que los ODS relativos a la naturaleza son la base para que los demás se puedan conseguir.

Yo no sé cómo se puede romper este círculo vicioso, pero al menos podríamos probar alguna fórmula al alcance de cualquier persona que piense un poco:

  • Estimular a  nuestra comunidad científica  para que se centre en resolver este problema entre todos, independientemente de las disciplinas de cada uno;
  • Presionar a los gobiernos para que escuchen a los científicos y legislen en consecuencia;
  • Presionar a la ciudadanía para que rediseñe su estilo de vida a fin de consumir únicamente lo imprescindible;
  • Exigir a científicos, gobiernos y ciudadanía que velen porque no se queden atrás tantos millones de personas desfavorecidas.
 Si se te ocurre alguna otra fórmula estaré encantada de escucharte. Y si te gusta esta te agradecería difusión, porque ya sabes que un grano no hace granero pero ayuda al compañero.

En cualquier caso, gracias por haber llegado hasta aquí 🌏

Para finalizar, te dejo una profunda reflexión de José Múgica muy adecuada para este tema y otra de Eduald Carbonell que, con una óptica distinta, pone el dedo en la llaga.