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9 de noviembre de 2021

Divertimento: una sonrisa acuática

 Hace unos pocos días tuve la suerte de dar un paseíto por la ría de Vigo para cruzar de un lado al otro y me embarqué en un catamarán blanco, limpio y atractivo cuyo aspecto prometía media hora de deleite.

Me acomodé en la cubierta (que curiosamente está descubierta, maravillas del lenguaje 😈), al aire libre,  para disfrutar del aire y del sol.

Apenas arrancó el motor comenzó  el regocijo:  una cinta grabada  -al estilo de las que ponen los aviones antes de arrancar para aleccionar a los pasajeros- lanzó al aire un breve discurso que comenzaba diciendo: 

 "el comandante de este navío y toda su tripulación..."

De acuerdo que la palabra navío puede aplicarse en el sentido de barco que sirve para conducir mercancías o pasajeros de unos puertos a otros, pero normalmente utilizamos el término para referirnos a barcos grandes, y de hecho el DLE así lo define en sus primeras acepciones. 

De modo que comencé a sonreir por la sorpresa que me causó el término.  

Pero eso solo fue el principio, porque en un barquito de esas dimensiones me resultó muy curioso que se hablara de "comandante", término que aplicamos normalmente al jefe de una armada o al piloto de un avión.... y más curioso aún que aludiera a "toda su tripulación" cuando en realidad se trataba de una sola persona que se ocupaba de  revisar los billetes de los pasajeros y lanzar las amarras para asegurar / liberar el barco en el muelle de turno.

De modo que la conseguida frase "el comandante de este navío y toda su tripulación" dio de sí para reirme un buen rato porque le vi varias interpretaciones sugestivas:

  • Copiaron tal cual el mensaje estándar de los aviones: quizás debido a una reflexión previa del tipo se estila en vehículos que transportan pasajeros, luego hagámoslo. ¿Para qué rompernos la cabeza descubriendo la rueda?

  • Decidieron que su trabajo y su estatus no desmerecía en absoluto de los correspondientes en la aviación, luego, ¿por qué no ponerlo de relieve con el lenguaje apropiado que resaltara los méritos?

  • Eran conscientes de su tamaño real y de la complejidad de su trabajo en comparación con los aviones, así que decidieron hacer a los pasajeros un guiño risueño para suscitar una sonrisa, otra forma más de hacer ameno el breve trayecto.

Desde mi punto de vista, la primera opción refleja un enfoque pragmático del trabajo.  💯

La segunda, una visión un tanto sesgada de los responsabilidades y los méritos inherentes, que en este caso puede ayudar positivamente a sobrellevar la monotonía de tantas horas haciendo prácticamente lo mismo. 💯

La tercera sugiere un espíritu burlón, positivo y juguetón que se agradece mucho en cualquier entorno laboral, puesto que estimula la creatividad y la capacidad de diversión de los trabajadores y  de los clientes. 💯

En cualquiera de los tres casos, se consiguió que -al menos yo- estuviera muy pendiente de todo el mensaje para ver si descubría otras joyas ocultas.  No fue así, pero puedo aseguraros que sé cómo proceder en caso de imprevistos en una embarcación de este tipo :)

Y, lo mejor de todo, es que aún después de haber desembarcado seguía con una sonrisa en los labios y la mente retozona.  Muchas gracias, señor comandante y señor miembro de la tripulación, los regalos inesperados se agradecen el doble :)

18 de septiembre de 2019

La paz perfecta


Cierto rey prometió un gran premio al artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos lo intentaron.

El rey observó y admiró todas las obras, pero solamente hubo dos que en verdad le gustaron.

La primera mostraba un lago muy tranquilo, espejo perfecto donde se reflejaban las montañas circundantes. Sobre ellas se encontraba un cielo azul con tenues nubes blancas. Todos los que miraron esta pintura estuvieron de acuerdo en que reflejaba la paz perfecta.

La segunda también tenía montañas, pero  eran escabrosas. Sobre ellas había un cielo oscuro, del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Esta imagen no se revelaba para nada pacífica. Pero cuando el rey analizó el cuadro más cuidadosamente, observó que tras la cascada, en una grieta, crecía un delicado arbusto. En él había un nido y allí, en medio del rugir de la violenta caída de agua, un pajarito.

¿Cuál crees que fue la pintura ganadora?

El rey escogió la segunda.


La paz —explicó— no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin dolor. Significa que, aun en medio de estas circunstancias, nuestro corazón puede permanecer en calma.

 Es más fácil decirlo que hacerlo, de acuerdo.  Pero con un poco de entrenamiento se puede conseguir cierto nivel de bienestar que, lógicamente, apacigua.

¿Qué técnicas sueles aplicar para poder permanecer en calma en medio de la tormenta?


Y, por si sientes curiosidad, te dejo aquí información sobre el vencejo de cascada

8 de mayo de 2019

Fichar en la empresa: ¿volvemos al Pleistoceno?

Reloj de fichar.  Museo de Siglujfördur, Islandia
Cuando era más joven trabajé en una gran empresa que obligaba a fichar a sus trabajadores. Yo compartía un despacho con tres  jóvenes más, y también tareas muy poco cualificadas.  Nos convertimos en un equipo compacto que aportaba penas, alegrías y muchas ganas de vivir.  Buscábamos siempre la forma más lúdica de llevar a cabo nuestras tareas rutinarias y no perdíamos ocasión de organizar algún juego o actividad que iluminase un poco nuestros grises días de chupatintas.

Todas vivíamos lejos del trabajo y eso nos obligaba a madrugar muchísimo, porque el retraso a la hora de entrar se penalizaba económicamente.  Eso sí, los jefes que nos rodeaban estaban exonerados  de fichar, nadie se preocupaba de la hora en que entraban o salían del trabajo.

Y enseguida nos dimos cuenta de que la humillante tarea de fichar cada mañana  podría convertirse en un motivo de juego y burla encubierta hacia aquella disposición tan injusta.  De modo que, a lo largo de un mes aproximadamente, las cuatro habíamos perdido sin saber cómo nuestra tarjeta de fichar.  El Departamento de Personal (así se llamaba entonces) nos contemplaba con recelo pero no tenía otro remedio que hacer  un  duplicado si quería que la trabajadora siguiera fichando cada día.

De forma que enseguida conseguimos tener todas un duplicado de nuestra ficha.  Los cuatro duplicados eran escondidos en un lugar recóndito, al que cada mañana accedía la primera de las cuatro que llegaba al trabajo y se encargaba de fichar por las otras tres con los correspondientes minutos de diferencia entre fichaje y fichaje para que no se viera que habíamos llegado todas a la vez.

Quién llegaba la primera cada semana era algo que teníamos magníficamente organizado en función de las actividades extralaborales de cada una de nosotras, claro, y  siempre llegaba unos diez minutos antes de la hora oficial de entrada para asegurarse de que  no habría moros en la costa en el momento de fichar.  Y nunca los hubo.  Los  demás trabajadores que fichaban en nuestro reloj llegaban justo a su hora (más tarde que nuestra avanzadilla), nuestros jefes siempre llegaban una hora más tarde como mínimo, y los empleados del Departamento de Personal recelaban pero nunca se molestaron en madrugar para pillarnos con las manos en la masa; supongo que debido a una mezcla de pereza y de diversión por lo que suponían que estábamos haciendo.

Al fin y al cabo, ellos eran responsables de contar el número de horas de cada trabajador de acuerdo con lo que decía su ficha, no de vigilar cómo se llevaba a cabo el procedimiento. (Y nosotras lo sabíamos 😈).

Esta burla a la normativa vigente podía realizarse porque se daban dos circunstancias a la vez:  tareas aburridas y control  estricto para los trabajadores no cualificados, confianza y laxitud para los jefes.  Los nuestros podían vivir tranquilos, sin tener que preocuparse por nuestros horarios:  nuestro trabajo siempre estaba listo en tiempo y forma, como se decía entonces.

Este recuerdo viene a colación porque tengo la impresión de que estamos regresando al Pleistoceno: el gobierno ha dispuesto que todos los trabajadores tienen que fichar,  oficialmente para combatir la precariedad laboral aunque se puede colegir que también  va a servir para  controlar las horas extraordinarias no cotizadas a la Seguridad Social.

Es como si regresáramos a los coches de caballos para disminuir la contaminación del aire en las ciudades:  todo más lento y lleno de bosta, ¿es esa la solución?


Tendremos a todo el mundo controlado y realizando sus ocho horas diarias - al menos aparentemente - pero no supone en absoluto una mejora social: te dejo aquí un interesante artículo publicado en The Conversation  que se plantea qué ocurrirá con los horarios flexibles, el teletrabajo y otras medidas punteras en las que varios países europeos nos llevan una ventaja escandalosa.

El artículo cita a vuela pluma consecuencias como desmotivación, pérdida del sentido de pertenencia, escasa fidelización y pérdida de inversiones realizadas en las personas.  Y todas estas consecuencias repercuten directamente en la cuenta de resultados de las empresas, porque si los empleados no están comprometidos y satisfechos es francamente difícil que los stakeholders se sientan bien atendidos... y decidan relacionarse con otras empresas que puedan satisfacerlos de acuerdo con sus expectativas.

Hay otra consecuencia que no es evidente a primera vista:  cuando una empresa pierde la confianza de clientes y proveedores se encuentra ante tal cúmulo de dificultades que muy a menudo necesita reducir su plantilla, cuando no cerrar el negocio.  Y  ocurre en muchísimas empresas, sobre todo pymes. ¿Eso contribuirá a reducir la precariedad laboral? Cuando hay más personas en paro, ¿consigue la Administración recaudar más impuestos sobre el trabajo?

Es difícil comprender por qué se ha decidido regular el registro de jornada, pero temo que esa decisión se basa en la teoría X de McGregor ... en pleno siglo XXI.

Si queremos estar en el grupo avanzado de los países europeos tenemos que contemplar a la sociedad desde otro ángulo muy diferente, poniendo el foco en la ética, el compromiso y las relaciones de beneficio mutuo. Porque tratar a todo el mundo como si fuese incapaz o tramposo no nos llevará muy lejos.

¿Tines dos minutos más para leer algo relacionado con el planteamiento que propongo?

¿3 días de trabajo semanales? Sí, con valores

26 de diciembre de 2018

Olentzero: una leyenda del solsticio de invierno

Tengo la suerte de tener un primo, José Luis Olaizola, que -  entre otras virtudes -  pone a la familia al día de las  mitologías vascas, es el guardián de nuestras tradiciones. El año pasado nos explicó  la del agua nueva  o Ur goiena, ur barrena, y en esta ocasión nos trae la de Olentzero de mano de Toti Martínez de Lezea :

Hace miles de años, los primeros habitantes de nuestra tierra fueron los JENTIL, gigantes que enseñaron a los seres humanos a labrar los campos, a utilizar la piedra para moler el grano, a fundir los metales.

Pero los seres humanos se volvieron cada vez más avariciosos, y los JENTIL decidieron ascender a las montañas y no volver a tener tratos con ellos. Transcurrido mucho tiempo, un día vieron llegar de Oriente una extraña nube. Fueron a avisar al más viejo de ellos, un anciano ciego de mil años que vivía en una cueva. El anciano pidió a sus compañeros que le abrieran los ojos con unas palancas. Así lo hicieron y, al contemplar el fenómeno, exclamó:

-Es Kixmi. Tiradme por el precipicio, pues nuestro mundo ha llegado a su fin.

Y los otros hicieron lo que les pidió. Después se adentraron en las cuevas y las cerraron con grandes moles de piedra, y allí continúan.

Pero uno permaneció afuera. Se había quedado mirando la nube, distraído, y para cuando quiso darse cuenta, se encontró solo. Durante todo el año siguiente, el JENTIL solitario se dedicó a hacer carbón vegetal, pero, llegado el Solsticio del Invierno, escuchó cantos y vio las hogueras que encendían los humanos en los valles para alentar al Sol a que siguiera aumentando de tamaño y que el día se alargara.

Echaba en falta a los suyos y decidió bajar a celebrar la fiesta, llevando un gran saco de carbón a modo de presente, pues los humanos no sabían lo que era. Al llegar al valle, estos se asustaron ya que no recordaban cómo eran los gigantes que antaño habían sido sus maestros, pero enseguida se alegraron cuando él les mostró su regalo y lo que podían hacer con él.

Lo llamaron ON ZAROA, que significa "la buena época". Desde entonces, Onzaroa, Olentzaroa, el último JENTIL, baja de la montaña para celebrar el Solsticio y la llegada del Nuevo Año y traer carbón para calentar las casas, asar manzanas, pimientos y castañas.


El cristianismo ocupó el lugar de las antiguas creencias, pero nuestro pueblo continuó narrando historias al calor de la lumbre, que han llegado a nosotros en forma de leyendas.

ZORIONAK ETA URTE BERRI 2019 ON!

18 de junio de 2018

Hakuna matata

Cuando has puesto mucho de tu parte para poder disfrutar un día en el  Ngorongoro y al llegar te encuentras con una espesa niebla que te impide bajar al cráter, no sabes si cortarte las venas o dejártelas largas.

Es una sensación muy común cuando nuestras expectativas se ven frustradas:  lo primero que se nos ocurre es repasar cuántas pérdidas hemos tenido en términos de esfuerzo, tiempo, dinero, etc. y enseguida deducimos que la situación nos ofrece un  horrible balance negativo, así que lo único que nos queda por hacer es elaborar un cóctel compuesto por diferentes cantidades de  rabia, frustración, impotencia, desilusión y enfado.

Todo eso si no eres una persona swahili.   Hakuna matata es una conocida frase swahili que significa "no hay problema", "no te preocupes", "vive y sé feliz", y se considera la versión africana de carpe diem.  En muchas zonas de África se utiliza frecuentemente y en las más variadas situaciones, pero siempre con el mismo propósito.  Y les funciona francamente bien.  ¿Se ha atascado el coche en un barrizal? Hakuna matata:  aprovechemos para charlar sobre su cultura mientras llegan refuerzos.  ¿Nos paran cien mil veces los gendarmes para pedir siempre los mismos papeles? Hakuna matata:  podemos aprender a distinguir los distintos cuerpos de policía del país y sus atribuciones. ¿Hay que hacer cola y no sabemos cuándo podremos seguir? Hakuna matata: disfrutemos de la alegría de los niños que se acercan a mirarnos como si fuésemos bichos raros (que lo somos), sus sonrisas, sus elegantes movimientos, sus ojos pícaros...

Así que, puesto que no había forma de bajar al cráter, ¿qué tal un poco de Hakuna Matata? Siempre podríamos intentarlo otro día,  y mientras  tanto, ¿por qué no disfrutar de la belleza de un paisaje acariciado por la niebla? Fíjate en el precioso color de las plantas que están en primer plano, en la gracia del árbol que juega a esconderse entre las nubes, en las siluetas que se asoman al fondo tímidamente (¿qué plantas serán?), en la capa de niebla que limpia las hojas,  en la sensación de paz que desprende el conjunto, en el olor de la naturaleza en estado puro, ... 

Funciona.  Nuestros pensamientos conforman nuestros sentimientos, y éstos nuestros comportamientos (puedes ver 'El único poder es la mente' , o 'Aprender a gestionar las emociones' , con Punset). 

En el mundo de las organizaciones también funciona. Ante un error podemos llevarnos las manos a la cabeza, despedir a la persona culpable, andar gritando por los pasillos, y muchos otros comportamientos que seguramente habrás visto en alguna ocasión.   Y también podemos hacer otra cosa:  en vez de lamentarnos  gastando inútilmente tiempo y esfuerzos, podemos enfocar la situación desde otro ángulo, porque seguramente hay más de una forma de analizar la situación que nos ocupa.

Es como un anillo lleno de facetas. Si lo miramos desde arriba podemos ver un hueco (falta material), si lo miramos de frente podemos ver una faceta que brilla más que el resto (está mal enfocado), si lo miramos distraídamente podemos ver un jarrón, o un vaso, o un florero, o un dedal...  y si nos tomamos el tiempo y el trabajo necesarios podemos ver muchas otras cosas:  por ejemplo, que cada una de las facetas es capaz de brillar si la ponemos bajo la luz adecuada. ¡Qué sugerente! ¿Qué podríamos hacer con la luz, las facetas y las posiciones? ¿Qué otros elementos podríamos añadir para enriquecer el planteamiento?

Así que Hakuna Matata nos brinda la oportunidad de rebajar los niveles de distrés y contemplar la situación con ojos limpios, porque es casi seguro que encontraremos algo que nos permita decir vive y sé feliz. Vivir el momento es algo que nos recomiendan médicos y psicólogos y que se aplica desde la antigüedad en diversas culturas.  Y si conseguimos estar relajados la mente se abre y aparecen las ideas maravillosas que nos permiten vivir la vida.  Te dejo aquí dos ejemplos de lo dicho, cómo un aparente fracaso llevó a un éxito (20 descubrimientos accidentales)  y cómo encontrar oportunidades (Técnicas creativas para encontrar buenas ideas). 

Si nos limitamos a estar, sin más, podemos incluso encontrar motivos de diversión en el momento más inesperado: mira Divertimento, un neologismo marrón.

Así que mi propuesta es: vive la vida en cualquier circunstancia en la que estés y encontrarás algo positivo. ¿Estás de acuerdo? ¿Quieres contarme alguna experiencia tuya en este sentido?

Finalmente,  te dejo un fragmento de la película El Rey León con la secuencia Hakuna Matata.  Que lo disfrutes.

3 de agosto de 2017

10 derechos de los seres humanos auténticos


¡Qué alegría! Mi amigo Valentín Colomer , con la generosidad que le caracteriza, me ha puesto un comentario en el artículo Ética para robots  , cosa que le agradezco sobremanera porque aprecio mucho las opiniones de personas inteligentes y sensatas como él. Y además me ha dejado un precioso decálogo que me apresuro a explotar.  Gracias, Valentín, por los dos regalos :-)

(Nota previa:  este artículo me ha salido un pelín largo, así como para leer durante todas las vacaciones;  de un tirón si eres perseverante; o  en diagonal, o solo un trozo,  incluso cabe la posibilidad de que no lo leas.  En cualquier caso, gracias por estar ahí).

 Diez derechos de los seres humanos auténticos

1. Derecho a pensar de manera propia y diferente a los demás

Decía Walter Lippmann: "donde todos piensan igual, ninguno piensa mucho".  Y eso es cierto en cualquier ámbito, porque en el trabajo no se puede conseguir innovar, hacer bien las cosas, establecer programas de mejora continua, etc., etc., si nadie se atreve a discrepar y a expresar sus puntos de vista.

En nuestra vida particular pasa algo parecido: ¿cuántas veces nos hemos quedado con mal cuerpo por no llevar la contraria a familiares, por no discrepar con la pareja, por no arriesgarnos a defender nuestro punto de vista en el grupo de amigos? No digo que siempre tengamos que estar porfiando, sino que es muy beneficioso para nosotros saber mantener nuestro punto de vista en situaciones en que los demás opinan de forma diferente:  Si al final aceptan nuestros planteamientos nos sentiremos muy satisfechos, y si no lo hacen, al menos tendremos la satisfacción íntima de haber descubierto nuestra valentía (también resulta satisfactorio saber que somos capaces de hacerlo, independientemente de los resultados).

2. Derecho a actuar de modo diferente a como los demás desearían que actuase

Me gusta mucho esta frase de Baltasar Gracián: "La libertad consiste en poder hacer lo que se debe hacer".  En esta sociedad tan interrelacionada, en la que nuestra vida está en el escaparate de las redes sociales, todo el mundo se entera de qué hacemos, qué pensamos, a quién votamos, con quién nos relacionamos... y eso puede volverse en contra porque los partidos políticos, las grandes marcas comerciales, la empresa en la que trabajamos y cualquier otra persona / entidad que tenga relación con nosotros puede utilizar la información recogida para intentar violentar nuestros comportamientos a favor de sus propios intereses. Seguro que se te ocurren varios casos que conoces, y nos puede pasar a todos.

En esas circunstancias hay que ser muy valiente para defender
nuestra postura.  Difícil, pero muy gratificante, porque la coherencia interna solo nos la podemos dar nosotros mismos y es algo que nos hace sentir tan bien que nos proporciona fuerzas para continuar.  El gran Bauman lo explica mucho mejor que yo.

3. Derecho a estar triste cuando pierde algo valioso y a enfadarse cuando sufre una agresión


De acuerdo con Aristóteles, "Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo" 


Saber reconocer los propios sentimientos, aceptarlos como algo que forma parte de nuestra vida, permitirse exteriorizarlos en el momento adecuado y con la intensidad adecuada supone todo un recorrido de ensayo y error que lleva mucho tiempo.  Pero el resultado es tan gratificante que merece la pena, porque la sensación de que somos dueños de nuestras vidas no tiene parangón alguno. Si te apetece echar un vistazo al enfoque que se hace desde el Análisis Transaccional  sobre gestión de los sentimientos puedes leer Quiero ser feliz.

4. Derecho a elogiar y recibir elogios

Dicen que somos un país de envidiosos, y los envidiosos no elogian nunca ni saben aceptar elogios porque piensan que les están manipulando.  No estoy de acuerdo, porque haberlos haylos pero afortunadamente son pocos.  Estoy con Oscar Wilde: "El egoísmo verdaderamente inteligente consiste en procurar que los demás estén muy bien, para que, de este modo, uno esté algo mejor". Es una forma guasona de expresar esa idea tan antigua de do ut des y la forma moderna de win - win. 


Si estamos dispuestos a elogiar es que somos capaces de reconocer en los demás buenas ideas, intenciones, comportamientos, sentimientos... y eso significa a su vez que nosotros conocemos esas sensaciones (ya sabes que nadie te puede regalar un millón de euros si no tiene un millón de euros).  Así que el hecho de reconocer algo a una persona es a la vez una gratificación íntima, porque nos estamos diciendo:  veo lo bueno que hay en tí porque yo también lo tengo y por eso lo reconozco.  Es una preciosa forma de generar espirales virtuosas de enriquecimiento mutuo, en la que lógicamente también se reciben los elogios con la misma actitud.
 
5. Derecho a equivocarse  en algunas ocasiones


Escuchando otra vez a Oscar Wilde:  más veces descubrimos nuestra sabiduría con nuestros disparates que con nuestra ilustración.
 

 Seguro que conoces a algún "Don Perfecto", esa persona que siempre está esforzándose al límite para que todo esté bien, para estar a la última en los conocimientos que considera importantes, para tener todos los datos relevantes en una reunión, para dar una imagen de sí impoluta y admirable.  

Esas personas viven en constante tensión, y se sienten muy mal cuando se equivocan (no digamos si alguien es testigo de la equivocación).  Es una postura vital perfecta si queremos hacer una cantera (piedras en el riñón, en la vesícula...) o estropearnos a conciencia cuerpo y alma.
Las personas perfeccionistas tienen que poner mucho empeño en permitirse algunos fallos, porque es una tarea difícil;  a casi nadie le gusta tener que rectificar y comenzar de nuevo (repito, y menos en público). 

Pero lo bueno de empeñarse en ser más benevolente consigo tiene premio:  bajan los niveles de tensión y - además de ser muy bueno para el organismo - nos permite abrir la mente hacia nuevas posibilidades:  ya no nos centramos en lo que está mal, sino en las nuevas vías que se nos abren ante esta nueva realidad.  Y es ésa una magnífica forma de crecer y de sentirse bien.  Mira qué contento estaba Edison cuando consiguió ese éxito tan perseguido.



6. Derecho a hacer las cosas de manera imperfecta

Los japoneses utilizan el término wabi sabi  cuando se refieren a la belleza de lo imperfecto.  Su cultura es muy diferente a la nuestra, pero me atrae ese posicionamiento porque está muy alejado del "Don Perfecto" que tanto abunda en nuestra sociedad.

La naturaleza no hace las cosas "perfectas". ¿Has visto alguna vez un puñado de cerezas  que sean todas iguales? Si la respuesta es sí, me apuesto a que son de fábrica, de cultivo intensivo y agresivo para el medio ambiente.  Las cerezas de verdad son diferentes en tamaño, forma, grado de maduración... y precisamente por eso son perfectas, porque no son perfectas.

¿Por qué no imitar a la naturaleza?  Si sirve para lograr el objetivo (alimentarse, crecer, mejorar...) es algo perfecto.  La perfección obsesiva, ingenieril, supone un extra prescindible en esfuerzos, tiempo, materias primas, energías, expectativas... que podemos dedicar a otras cosas que nos brinden mayor bienestar físico y psíquico.

En este sentido, tengo un amigo que siempre dice:  "Si el cliente espera 5 dale 7;  estará encantado y tú no tienes ninguna obligación de darle 10, porque te agotarás enseguida y el día que no puedas darle 10 te abandonará".  Me parece un buen enfoque para no agotarse exigiéndose siempre el máximo. ¿De verdad es necesario?  Seguro que se puede llegar a un equilibrio entre lo que yo puedo / quiero hacer y las expectativas del interlocutor, es cuestión de negociar las expectativas :-)


7.Derecho a no saber algo

Me apunto a la frase de Descartes: Daría todo lo que sé por la mitad de lo que ignoro.


 En nuestra sociedad es preciso tener un aceptable bagaje de conocimientos para conseguir un trabajo digno, y eso requiere esfuerzo.  Pero no significa que tengamos que estar siempre preocupados por saber todo de todo.  Tengo un buen amigo a quien llamo Búho y también Alejo, porque es una persona sabia.  Pero tienes que reconocer conmigo que eso no es lo habitual.  Lo habitual es que ignoremos un montón de cosas.  Cómo vivimos nuestra ignorancia nos puede proporcionar más o menos niveles de bienestar.  

Descartes se pasó la vida buscando, descubriendo y aprendiendo, así que se entiende muy bien su frase.  Pero nosotros los mortales podemos complicarnos la vida si nuestro afán por saber nos lleva demasiado lejos.  

Especialmente hoy, con el apoyo de las redes sociales, es muy fácil acceder a conocimientos que antaño nos estaban vedados. (Y yo además tengo acceso a Búho - Alejo, estoy enchufada). Así que no compensa dedicar horas y horas para saberlo todo;  podemos aprender cada día muchas cosas, pero eso no significa que tengamos que dedicar esfuerzos diarios denodados a aprender de todo. 

No os preocupéis, cuando realmente necesitéis saber de algo seguro que encontráis la vía para lograrlo.  Mientras tanto, podéis utilizar todo ese tiempo precioso en disfrutar de la vida. ¿Qué tal una lectura gratificante, un paseo por la naturaleza, una reunión con los amigos, una sesión de yoga, una tarde de tirolina...?  Dedicarse ratitos para el propio placer alarga la vida y además la hace más grata.  Hazme caso, no quieras saberlo todo.

 
8. Derecho a decidir la importancia que tienen las cosas


Me gusta la reflexión de  Stephen Hawking: Solo somos una raza avanzada de primates en un planeta menor de una estrella ordinaria. Pero podemos entender el universo.
 Podemos intentar emular a este científico para conseguir la flexibilidad mental que nos permita decidir si ahora toca vernos a nosotros mismos como un habitante intrascendente de un lugar intrascendente o bien como una persona capaz de hacerse planteamientos elaborados  y comprender la complejidad.

Dicho así suena muy solemne, pero en nuestro día a día también podemos aplicar este principio, porque  cuando las prioridades están claras resulta más fácil decidir.  Existen muchas variables que nos ayudan o dificultan a definir prioridades, pero un aspecto importante es tener clara la escala de valores.  Cuando hemos conseguido elaborarla adecuadamente y además nos comprometemos a revisarla periódicamente tenemos mucho ganado, porque es el espejo en el que vamos a ir reflejando los acontecimientos para poder responder de la forma más coherente.  Y eso da mucha tranquilidad.  (Puedes echar un vistazo al artículo Lánzate)

 9. Derecho a estar alegre cuando obtiene un éxito.

¿Por qué a veces nos da vergüenza reconocer en público que
hemos triunfado? Es muy conveniente para nosotros y para los demás,porque, como dice Joseph Addison: La alegría es, ante todo, fomento de la salud.

Reconocer los éxitos propios y disfrutarlos es una grata experiencia que ayuda a recuperar fuerzas para seguir avanzando.  Puede que nos dé un poco de miedo por si alguien pudiera interpretar mal nuestra alegría (ay, otra vez los envidiosos), pero eso se puede gestionar explicando por qué estamos felices y cómo hemos llegado a ese punto: dedicación, dificultades, errores... en unas pocas frases breves se puede ofrecer una panorámica del entorno en el que se fraguó nuestro éxito, y eso ayuda a que los interlocutores puedan valorarlo basándose en "datos objetivos" más que en sus propios sentimientos. 
Y tiene otra ventaja añadida:  la alegría es contagiosa.  Siempre habrá quien decida probar nuestras recetas para conseguir su propia alegría. 
 
10. Derecho a cambiar de opinión


En el siglo XVII, Guillén de Castro escribía en Las mocedades del Cid:

Esta opinión es honrada.
Procure siempre acertalla
el honrado y principal;
pero si la acierta mal,
defendella y no enmendalla.


Ya os podéis imaginar lo que acarreaba el "no enmendalla": aceptar un reto con riesgo de muerte.  Y aún hay personas hoy en día que actúan exactamente como aquellos hidalgos...porque consideran que pierden credibilidad si se desdicen.  Lástima, porque esa postura es una fuente de estrés que obliga a poner en marcha la disonancia cognoscitiva .  La buena noticia es que con un poco de autoanálisis se puede superar esa presión y animarse a cambiar de opinión.

 Otro caso que se puede presentar es que estemos hablando de alguien que no cambia de opinión porque solo tiene una (o unas pocas). Como dice  Concepción Arenal: quien discurre con pocas ideas es fácilmente avasallado por una.
 En esta situación solemos encontrarnos a fanáticos de todo tipo, desde quien se engresca a golpes por defender a su equipo de fútbol hasta quien nos retira la palabra porque no votamos a su partido político.  Cuando tenemos que trabajar con alguien así resulta muy difícil avanzar si esa persona no consigue comprender otros planteamientos diferentes al suyo.  En casos así, salvo que sea imposible hacerlo, lo mejor es apartarse de esa persona hasta que haya crecido lo suficiente como para ser capaz de admitir un debate abierto que enriquezca a ambas partes.

Porque, al fin y al cabo, yo me permito cambiar de opinión para ir mejorando como persona.  Y deseo tener a mi alrededor a personas que también se van superando, porque seguro que nos ayudaremos mutuamente y así podremos juntos ejercitar estos 10 derechos de los seres humanos auténticos.

¿Estás de acuerdo?

6 de julio de 2017

Lánzate

Poco antes de su muerte, el oráculo vaticinó a Esquilo que moriría aplastado por una casa, por lo que decidió residir fuera de la ciudad.

Curiosa y trágicamente, falleció al ser golpeado por el caparazón de una tortuga, que fue soltada por un quebrantahuesos desde el aire al confundir su cabeza con una roca contra la que romper el caparazón.

¿Cuántas veces te has detenido al pasarte por la cabeza un "porsiaca"? Por si acaso me despiden, por si acaso me sale mal, por si acaso me contagio, por si acaso me rechaza, por si acaso me lesiono, por si acaso...

Lánzate.  No te digo que te lances alocadamente, como hacen a veces algunas personas en su afán por beberse la vida a grandes tragos.

 Lo que intento decirte es que no estés pendiente de tantas cosas que pueden ocurrir solo de vez en cuando, y que puedes permitirte hacer muchas más cosas de las que crees.

¿Cuántas veces te han despedido?  Casi seguro que ninguna.  Si aplicas tu buen juicio y tienes un nivel adecuado de compromiso con la empresa, lo más probable es que no solo no te despidan, sino que acepten de buen grado tus sugerencias de mejora. (Otra cosa es que estés trabajando en una empresa "esclavista", en cuyo caso que te despidan quizás no sea tan malo para tu salud...)

¿Cuántas veces te ha salido mal una cosa? Seguro que más de una y de dos veces;  lo normal es que nos ocurra con cierta frecuencia.  Que salga mal una cosa no es malo, lo malo es no aprender de la experiencia para hacerlo mejor la próxima vez. (Otra cosa es que te estés jugando algo vital para tí).

¿Cuántas veces te has contagiado? Seguro que te has contagiado un montón de veces de catarros y similares, pequeñas menudencias que pueden ser bienvenidas si a cambio has podido disfrutar de una buena compañía, hacer un descubrimiento o cualquier otra ventaja. (Otra cosa es que los catarros te perjudiquen gravemente, o que te contagies de una enfermedad letal).

¿Cuántas veces te han rechazado?  Seguro que varias y en diferentes contextos, nos ha pasado a todos. Exponerme a un rechazo es aceptar la posibilidad de que no me salgan los planes como preví, y al mismo tiempo es una oportunidad de mejorar mis "procedimientos" para la próxima ocasión. (Otra cosa es que ese rechazo me cause un perjuicio irreparable).

¿Cuántas veces te has lesionado?  Seguro que varias en diferentes situaciones, y por descontado que bastantes veces si practicas algún deporte. Y también es seguro que has aprendido a evitar las lesiones aplicando diversas técnicas y así poder seguir disfrutando de aquello que te atrae. (Otra cosa es que tengas un percance que te condene a una silla de ruedas).

Cuántas veces hemos dejado pasar magníficas ocasiones por el "porsiaca" y luego nos hemos arrepentido...

Está bien ser precavido, porque las personas imprudentes se meten a menudo en problemas.  Pero, como decía Aristóteles, en el centro está la virtud:  ni tan irreflexivo que te perjudique seriamente, ni tan precavido que te impida vivir lo más plenamente posible.



No conozco ninguna fórmula mágica que me ayude a tomar siempre la mejor decisión. Lo que acostumbro a hacer, y me funciona aceptablemente bien, es preguntarme:


Intento confeccionar una lista lo más larga posible con las respuestas a esta pregunta y después valoro cada una de ellas pensando en los diferentes escenarios;  y también coloco en esos escenarios a las personas que quiero y / o de alguna forma tienen su vida interrelacionada con la mía.

El índice de aciertos es alto, y llega un momento en que este planteamiento, a fuerza de costumbre, se hace de forma casi mecánica.

Me gusta disfrutar de todas las posibilidades que me presenta la vida, y después de aplicar ese "procedimiento" me lanzo muy a menudo.  Porque he descubierto que una parte importante de la felicidad está en la satisfacción por las decisiones tomadas. Así que la posibilidad de disfrutar es doble: por la decisión tomada y por la experiencia vivida :-)


¿Qué "procedimiento" utilizas tú?

14 de junio de 2017

Bienestar y felicidad


Un agricultor tenía el mejor cultivo de maíz.  Cada año se presentaba al concurso regional y obtenía el primer premio.

En  una de esas ocasiones, un periodista le entrevistó y se enteró de algo interesante:  el agricultor compartía su semilla de maíz con sus vecinos.

¿Cómo puede darse el lujo de compartir sus mejores semillas de maíz con sus vecinos, cuando están compitiendo con usted cada año?  ¿Por qué lo hace? preguntó el reportero.

El granjero respondió:  "Porque el viento recoge el polen del maíz maduro y lo mezcla en los otros campos.  Si mis vecinos cultivan maíz inferior, la polinización cruzada degradará de manera constante la calidad de mi maíz."

"Si quiero cultivar buen maíz debo ayudar a mis vecinos a cultivar maíz bueno también." 

Este precioso cuento nos abre diferentes caminos de reflexión, entre ellos la Psicología Positiva. ¿Qué dice Mihály Csíkszentmihályi,   uno de los pilares de la Psicología Positiva?


Así que el agricultor se comportaba sabiamente: había comprendido que su bienestar dependía en gran parte del bienestar de sus vecinos.  La doctora Nelson nos explica que hacer algo por los demás permite sentir más emociones positivas, como alegría, satisfacción y amor,  y a raíz de una de sus investigaciones resumió sus hallazgos en esta frase:  No me sorprendió el hecho de que el comportamiento prosocial lleve a la gente a sentir mayores emociones positivas y sentirse más realizados.

Y este fenómeno no ocurre solo en nuestro entorno próximo:  la doctora Lara Aknin resalta que la generosidad es provechosa en los países ricos y en los pobres.

Álex Rovira explica muy bien los planteamientos de  Martin Seligman, el padre de la Teoría del Bienestar. Aquí vamos a limitarnos a enumerar los 5 bloques:
  • Sentir emociones positivas;
  • implicarse en la actividad laboral;
  • realizar actividades que tengan sentido para la sociedad;
  • establecer relaciones positivas;
  • orientar las acciones para conseguir logros.
Si quieres leer sobre el tema y a la vez hacer algunos ejercicios sencillos y prácticos, puedes bajarte el ebook:
Psicología Positiva y Ética  



Y  si quieres verlo con los ojos de otro experto, aquí te dejo el enlace a  ¿Qué es compartir? de Julio César Vergara

Como ves, hay muchas formas de hablar del bienestar y la felicidad, pero a pesar de las diferencias podríamos decir que siempre encontramos un par de ideas recurrentes:

  • Quienes quieren vivir de manera significativa deben ayudar a enriquecer las vidas de los demás, porque el valor de una vida se mide por las vidas que toca.
  • Quienes eligen ser felices ayudan a otros a encontrar la felicidad, porque el bienestar de cada uno está ligado al bienestar de todos...
¿Qué otra idea te resulta sugerente?

24 de febrero de 2017

Quiérete: Otium - Negotium

Otium:  tiempo estrictamente personal, dedicado a las emociones y al cuidado de sí.
Negotium:  los empeños civiles cotidianos, las cosas de la ciudad.

Cuando nuestros ancestros romanos utilizaban esta clasificación no podían concebir que miles de años después sus descendientes los mezclaran en un totum revolutum que, por otra parte, es un buen reflejo de los modelos de vida que priman en los albores de este siglo.

Entiendo que hay momentos en la vida en que no queda más remedio que primar el trabajo por encima de todo, en cuyo caso no cabe esta  reflexión. (Ya se sabe, primero comer y después filosofar).

En otras circunstancias menos acuciantes acostumbramos también a dar preferencia al trabajo sobre el ocio y / o mezclarlo automáticamente.  No me digas que no respondes llamadas telefónicas profesionales mientras comes, no miras los correos electrónicos mientras desayunas con la familia un fin de semana, no terminas un

documento a altas horas de la noche, no atiendes a un cliente mientras estás unos días de vacaciones, no consultas en las redes noticias sobre tu sector mientras esperas el tren, no estás siempre pendiente de tus clientes y / o tus jefes...

No me lo digas, porque es algo que veo constantemente (a no ser que seas un mirlo blanco, que también podría ser :-)

Los romanos no tenían un ritmo de vida tan endiablado como nosotros y podían, entre otras cosas, establecer sin problemas cuándo trabajaban y cuándo holgaban.  (Solo los de clase alta, naturalmente, pero nosotros tenemos actualmente  un nivel de vida medio muchísimo mejor que el de un romano de clase alta).

Reconozco que es muy difícil romper esa rutina tan incrustada de hacer mucho y hacerlo constantemente, porque vivimos en una sociedad competitiva y porque nos hemos acostumbrado a exigirnos mucho.  De hecho, conozco a muchas personas que son los peores enemigos de sí mismas:  siempre exigiéndose y buscándose quehaceres y responsabilidades, sin concederse un ratito para sí y malviviendo en compañía del agotamiento, el estrés, la ansiedad y el temor a no dar todo lo que supone que ha de dar a los demás.

Y ahora viene la pregunta del millón de euros: ¿me regalas un millón de euros?

Ya sé, ya sé, ni siquiera me conoces, o me conoces muy poco, o no te caigo bien, o tienes otras prioridades, o... pero la razón principal seguro que es que no tienes un millón de euros

 ¿Cómo vas a darme algo que no tienes?

Si estoy en lo cierto, no puedes dármelos porque no los tienes. Entonces, ¿cómo vas a dar lo mejor de ti en el trabajo si lo mejor de ti no lo tienes? No lo tienes al alcance, está sepultado bajo millones y millones de "debería", "tengo que", "he prometido que", "esperan que" y otros tantos latiguillos que gobiernan tu día a día. 

Te propongo que hagas una prueba:  concédete mañana 10 minutos de vaciones. Solo mañana, y solo 10 minutos.  Si te lo propones es seguro que lo consigues, igual que consigues tantos objetivos en tu trabajo. Emplea esas vacaciones en lo que más te guste y que sea factible allá donde estés:  cotillear un poquillo, salir a tomar el aire,
irte al baño con una revista,  mirar un video divertido, leer medio capítulo de ese libro que arrastras cada día, llamar a tu pareja... lo importante es que te lo plantees como una actividad de vacaciones. 

Puedo equivocarme, pero apostaría a que te sentará bien. La sensación de descanso y de dominio sobre el tiempo es magnífica. Pruébalo y me dices :-)


Y si estoy en lo cierto, mañana lo harás otra vez.  Y pasado mañana. Y al otro.  Pronto te sentirás mejor porque has descubierto que en 10 minutos puedes relajarte y además no se hunde el mundo mientras te relajas. 

Una vez hayas llegado a este estadio las cosas son más sencillas:  como te has demostrado que sabes y puedes relativizar y priorizar, encaras tus obligaciones de otra forma.  Es posible que vayas relegando responsabilidades y tareas que antes te ocupaban innecesariamente (o te ocupaban más de lo necesario), y eso te ayudará a hacer mejor lo demás.

Así que ya estás en una estupenda espiral virtuosa: cuanto más pruebas mejor te sale, y eso te fortalece para organizarte enfocando en tus verdaderas prioridades.  Poco a poco te vas sientiendo más dueñ@ de tu vida, más capaz de tomar decisiones que te ayuden a progresar en tus niveles de bienestar y en tu posicionamiento vital.  Tu autoestima sube y ello te permite ver la vida desde otro ángulo más positivo para ti.

Y entonces, como por arte de magia, te das cuenta de que puedes dar a los demás sin presión y con alegría:  ya tienes el millón de euros.  Empieza a pensar cuánto dinero te quedas y  cuánto - cuándo - a quién repartirás.  Tu trabajo será más brillante y tú te sentirás mucho mejor.


Ya sabes: 10' de vacaciones... y a disfrutar

Pruébalo.  Y, como dicen en mi pueblo, ya me dices :-)

Hasta pronto, amable compañer@