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24 de diciembre de 2025

El bosón de Higgs y las personas

Como sabéis, se concedió a Peter Higgs el Nobel de Física.
El bosón de Higgs, que confiere masa a otras partículas, está dando mucho que hablar en los últimos días.  Cosa natural, puesto que se trata de un magnífico descubrimiento.  Los científicos de nuestra cultura están exultantes y los medios de comunicación se hacen eco de la noticia, intentando explicar y divulgar en qué consiste y por qué es tan importante. Este éxito se ha conseguido con la participación de muchísimos científicos, pertenecientes a 60 naciones.  Incluso alguien como yo, tan lega en estas materias, entiende que su descubrimiento es un gran paso adelante en el conocimiento.

Os dejo aquí un interesante enlace sobre el bosón.

Además de celebrarlo, me planteo una vez más uno de los enigmas de nuestra especie:  somos capaces de grandes logros hacia afuera (bajamos a las Fosas Marianas, llegamos a la Luna, descubrimos el bosón...) y avanzamos muy poquito hacia adentro:  ¿cómo funcionamos en realidad? ¿qué significan realmente los términos "memoria", "emoción", "sentimiento", "alma" y tantos otros que utilizamos alegremente para intentar expresar algo intangible que nos conforma?

En poco tiempo he obtenido interesantes explicaciones;  por ejemplo, Punset  nos dice que el alma está en el cerebro;  Annie Marquier  sostiene que el corazón tiene cerebro; Patrick Drouot que el corazón consigue coherencia para el organismo humano; el Dr. Caralps nos habla de la teoría de la memoria sistémica... Parece que nos estamos interesando en saber más y más cosas sobre el animal humano, y nos damos cuenta además de cuán poco sabemos a pesar de lo cerca que lo tenemos.

Todos estos planteamientos se alejan un tanto de las teorías médicas y psicológicas vigentes hasta el momento, puesto que intentan contemplar a la persona como un todo, desde un enfoque sistémico que anteriormente no se había aplicado al estudio de la persona.

Así que nuestra ciencia hacia afuera va avanzando a buen ritmo,   mientras nuestros conocimientos hacia adentro parece ser que van por otros derroteros;  aún nos falta mucho.  Que yo sepa, no hay en marcha ninguna investigación en la que se aúnen los esfuerzos de 60 naciones.  Durante siglos ha sido la religión lo que impedía mirar al animal humano como objeto de estudio, y quizás haya sido eso lo que ha favorecido la visión parcelada de la persona.  Ahora se comienza a avanzar en los conocimientos aplicando conjuntamente diferentes ópticas científicas, lo que resulta muy esperanzador. 

A efectos de las relaciones interpersonales en el ámbito profesional, de momento podemos buscar explicaciones a los comportamientos humanos no ya sólo en la psicología, sino también en la medicina, la neurociencia...  A la espera de un enfoque sistémico multidisciplinar, contamos con más herramientas para intentar comprender por qué hacemos lo que hacemos y obviamos lo que obviamos en el contexto de las organizaciones. ¿Cómo será el bosón personal?

Mientras nuestros científicos trabajan en ello, recordemos que la ciencia puede acompañarse de la poesía, la creatividad,  las leyendas..., facetas todas ellas muy humanas que nos enriquecen y ayudan a ver la vida desde muchos ángulos diferentes.  Te dejo aquí una preciosa leyenda india sobre la creación del hombre (¿Es religión, mito, o poesía?)


9 de noviembre de 2025

Algo más de cancamusa


Es difícil encontrar una forma más perfecta de explicar el concepto "relaciones de respeto".  Veamos esta especie de Manual de Procedimientos aplicado al día a diía.  Espero que disfrutes.




 Winny Burger es una creación de los geniales Cruz y Raya (José Mota  y Juan Muñoz) que nos sirve para reflexionar sobre qué significa en realidad el concepto "respeto al cliente" : 
  • Cuando se diseña el producto,
  • cuando se escogen los mensajes,  
  • cuando se piensa en las necesidades del cliente,
  • cuando se explica al cliente las opciones disponibles,
  • cuando se recogen las reacciones del cliente, 
  • cuando se intenta  reconducir la situación,
  • cuando el cliente busca otra alternativa,
  • cuando se analiza cómo mejorar las relaciones que se establecen con el cliente...
Seguro que se te ocurren más apartados, porque no es mi intención hacer un listado exhaustivo. Lo único que he pretendido es ofrecerte una buena herramienta de trabajo para compartir con tu equipo, inedependientemente de la posición que ocupes y del equipo con el que trabajes.  Si cambias "cliente" por "persona" seguro que lo puedes aplicar en múltiples contextos.

Yo tengo claro que, a partir de ahora, cuando tenga que hablar sobre relaciones respetuosas sólo necesitaré decir "algo más de cancamusa, por favor".

11 de junio de 2020

Tenemos que bajarnos los humos

Ahora que ¡por fin! estamos entendiendo que nuestra soberbia y nuestra ambición como especie nos ha llevado a un punto de casi no retorno respecto al futuro de nuestro planeta, parece que poco a poco está calando la idea de que, lejos de ser los reyes de la  creación, solo somos un bicho más dentro del gran engranaje que llamamos vida.

Dicen que más vale tarde que nunca, así que alegrémonos de que comencemos esta transición desde el más arraigado antropocentrismo hacia una "nueva" cosmovisión que nos ayude a ponernos en nuestro sitio.  Porque reconocer las limitaciones propias y las características de los demás seres con quienes compartimos hogar es un excelente punto de partida para revertir la emergencia climática que difícilmente se logrará solo con las miopes medidas que están adoptando nuestros políticos.  De hecho, en esencia no se trata de tomar medidas (aunque es cierto que ayudan), sino de cambiar nuestra visión respecto a los recursos naturales y a la vida en general.

Es evidente que tenemos datos de sobra para que se nos bajen los humos: sabemos que nuestro genoma consta de unos 30.000 genes, (solo un 50% más que un  gusano), y también sabemos que compartimos con el chimpancé el 96%, 90% con el gato doméstico, 85% con el ratón, 84% con el perro, 69% con el ornitorrinco, 65% con el pollo… y 60% con el plátano, sin ir más lejos.

Diversos científicos han llegado a la conclusión de que la vida no es ese precioso y cuadriculado árbol con ramas matemáticamente dispuestas para representar los linajes, sino más bien una especie de enredadera que entrecruza y superpone sus ramas.  Ello ayuda a comprender mejor que tenemos un antepasado común con los árboles, y con numerosos animales muy diferentes entre sí.

Si aceptamos este planteamiento podemos empezar a ver la vida desde otro ángulo, lo que nos puede predisponer a aprender de la naturaleza.

A modo de ejemplo, incluyo un párrafo de "La vida secreta de los árboles" (Wohlleben  2016, p. 22): 

En un bosque de hayas, los árboles igualan sus debilidades y sus fuerzas; sin importar si son gruesos o delgados, todos los ejemplares producen la misma cantidad de azúcares en cada hoja con ayuda de la luz.  La igualdad se produce bajo tierra a través de las raíces mediante un intercambio activo en el
que entran en juego hongos que con su gigantesca estructura en forma de red actúan como una enorme máquina de distribución. Ello recuerda un poco al sistema de ayuda social, el cual impide que los miembros más desfavorecidos de la sociedad se hundan demasiado.  Para las hayas la densidad no es un problema, sino todo lo contrario. 

Joaquín Araújo  estaría de acuerdo con Wohlleben, porque él mismo ha dicho: La arboleda en realidad resulta indistinguible de nuestros primeros pasos, de nosotros mismos. De ahí que nada palidezca, sino todo lo contrario, si afirmamos que somos como somos porque una vez, no hace tanto tiempo, fuimos bosque. Reconozcamos, como nos enseñan los antropólogos, que la mayor parte de nuestro aspecto es el resultado de una convivencia,  de algo más de 10 millones de años. Nada de irreal tiene el afirmar que los primeros borbotones de la inteligencia, la comunicación verbal, los sistemas sociales y la habilidad manual, nacieron entre troncos, sombras y espesuras. Hasta el punto de que pocas cosas hemos hecho tan decisivas como “andarnos por las ramas”. Nuestros primos, los grandes primates, están todavía ahí para recordárnoslo.

Esta es solo una de las diversas posibilidades de mirar para aprender, porque, como nos recuerda Rifkin en su último libro El green new deal global, lo que aprendemos del cambio climático es que todo lo que hacemos afecta al funcionamiento de todo lo demás en la Tierra y tiene consecuencias para el bienestar de todas las criaturas con las que cohabitamos en el planeta.

Aprender a vivir en lugar de dominar es lo que nos lleva del dominio a la protección y del desapego antropocéntrico a la profunda colaboración con la Tierra viviente.

Muchas formas diferentes de aprender mirando a la naturaleza. Y muchas aplicaciones prácticas de esos aprendizajes, en nuestra vida particular, en los colegios, las empresas y otras instituciones, la política…

Las hayas intercambiando azúcar a través de sus raíces mediante la colaboración de los hongos se nos muestran como un ecosistema eficiente que puede inspirarnos para aplicar la idea en nuestro mundo empresarial; por ejemplo, en el sector comercio.

Somos conscientes de que cada vez es más difícil encontrar "comercios de toda la vida" en el entorno urbano. Han sido desplazados por unas cuantas multinacionales que ahogan los pequeños negocios, estandarizan el aspecto de las ciudades,  solo ofrecen productos muy rentables para ellas, dejan desiertos barrios enteros, entierran la cultura y tradiciones locales…. además de favorecer la compra de productos con gran huella ecológica en sus diferentes fases de producción, distribución y venta.

Si fuéramos capaces de mirar el tejido comercial de una ciudad como si fuera un hayedo es posible que encontráramos soluciones más respetuosas con el negocio local y con el planeta:  una asociación de intercambios de diversa índole favorecidos y apoyados por un sustrato común a modo de hongos, que favoreciera la salud y supervivencia de cada una de las "hayas": una asociación de comerciantes más allá de las típicas asociaciones, porque en este caso hablamos de compartir en función de las características de cada una; por supuesto que no se pueden hacer recomendaciones generales porque cada comercio, como cada árbol, tiene sus propias características;  pero poner en común las experiencias y conocimientos de cada comercio con espíritu de servicio a los demás y filosofía ganar - ganar  y compartir podría ser una excelente manera de fomentar esa capa invisible de hongos que favorecen los intercambios y la vida del ecosistema entero.

Tenemos capacidad suficiente para hacerlo con éxito, solo hemos de cambiar el enfoque y basarnos en la moral.  Tal como apunta Bekoff,  los científicos señalan que en realidad la moral tiene profundas raíces evolutivas anteriores en millones de años a la aparición de la humanidad: todos los animales sociales, como lobos, delfines y monos, poseen códigos éticos, adaptados por la evolución para promover la cooperación del grupo.

Plantearnos esta nueva visión global tiene también ventajas para las personas implicadas: la satisfacción personal que se logra cuando se tiene la certidumbre de que se está haciendo lo mejor posible para sí, los demás y el planeta incrementa la autoestima y la sensación frecuente de felicidad. Y ello genera una espiral virtuosa que consigue al fin mejorar la sociedad.

Si pudiéramos avanzar por este camino se podría demostrar que aplicamos con éxito esa preciosa frase de Gomá Lanzón que reza: Compórtate de tal manera que tu muerte sea escandalosamente injusta.


3 de septiembre de 2019

A favor del Planeta

Todos somos conscientes de que nuestro planeta pasa por graves dificultades: los mares están infestados de plásticos, el permafrost está desapareciendo, cada vez tenemos menos selva, la temperatura aumenta de forma continuada…

Los organismos internacionales y los gobiernos nacionales toman medidas muy plausibles aunque no todas de probada eficacia: pueden carecer del presupuesto necesario, estar diseñadas para conseguir logros a muuuuy largo plazo, se pueden ignorar o tergiversar en función de intereses políticos…  no es suficiente.

Básicamente,  no tenemos un Planeta B, y todas esas soluciones son meros parches que no atacan lo esencial:  nos hemos olvidado de que nosotros también somos naturaleza y de que todo lo que hacemos, por tanto, afecta a la naturaleza. Nuestra visión antropocéntrica, consolidada a lo largo de siglos de cultura, nos impide ver algo tan elemental que nos está destruyendo.

Cuando realmente aceptemos esta olvidada realidad podremos poner en marcha programas adecuados para detener la catástrofe y remediar en lo posible tantos daños infligidos al planeta que nos sustenta.

Y en este lance haríamos muy bien en integrar a las empresas: no olvidemos que las empresas, a nivel global, tienen a menudo más peso - y por tanto más capacidad de decisión - que muchos gobiernos. Un dato:  69 de las 100 principales entidades económicas del mundo son empresas y solo 31 países, de acuerdo con los datos de Global Justice Now 2016.

Estamos, pues, ante una oportunidad de oro para que las empresas, además de buscar legítimos beneficios, se impliquen en esta lucha estratégica.  Un modelo de negocio que aplique la Responsabilidad Social Corporativa está muy bien y resulta muy útil al efecto, podemos felicitarnos por tener tantas organizaciones en este ámbito.

Podemos conseguir, además, que las empresas comiencen a olvidar la visión antropocéntrica y
El Mundo de Ptolomeo

vayan adoptando una cosmovisión que impregne el modelo de negocio para seguir siendo rentables diseñando nuestras actividades desde una postura de humildad que reconozca que somos naturaleza, pertenecemos a la naturaleza y todo lo que hacemos afecta a la naturaleza.

Una nueva generación de organizaciones que gustamos de llamar biomiméticas.  Al fin y al cabo, ya nos avisó Einstein: mirar profundamente a la naturaleza es la forma de entender todo mucho mejor.  ¿Para qué perder recursos y energía intentando descubrir cómo hacerlo, si la naturaleza ya lo descubrió después de miles de años de ensayo y error? Votemos, pues, por las organizaciones biomiméticas.  Seguro que el rescate del planeta avanzará a buen ritmo.

8 de mayo de 2019

Fichar en la empresa: ¿volvemos al Pleistoceno?

Reloj de fichar.  Museo de Siglujfördur, Islandia
Cuando era más joven trabajé en una gran empresa que obligaba a fichar a sus trabajadores. Yo compartía un despacho con tres  jóvenes más, y también tareas muy poco cualificadas.  Nos convertimos en un equipo compacto que aportaba penas, alegrías y muchas ganas de vivir.  Buscábamos siempre la forma más lúdica de llevar a cabo nuestras tareas rutinarias y no perdíamos ocasión de organizar algún juego o actividad que iluminase un poco nuestros grises días de chupatintas.

Todas vivíamos lejos del trabajo y eso nos obligaba a madrugar muchísimo, porque el retraso a la hora de entrar se penalizaba económicamente.  Eso sí, los jefes que nos rodeaban estaban exonerados  de fichar, nadie se preocupaba de la hora en que entraban o salían del trabajo.

Y enseguida nos dimos cuenta de que la humillante tarea de fichar cada mañana  podría convertirse en un motivo de juego y burla encubierta hacia aquella disposición tan injusta.  De modo que, a lo largo de un mes aproximadamente, las cuatro habíamos perdido sin saber cómo nuestra tarjeta de fichar.  El Departamento de Personal (así se llamaba entonces) nos contemplaba con recelo pero no tenía otro remedio que hacer  un  duplicado si quería que la trabajadora siguiera fichando cada día.

De forma que enseguida conseguimos tener todas un duplicado de nuestra ficha.  Los cuatro duplicados eran escondidos en un lugar recóndito, al que cada mañana accedía la primera de las cuatro que llegaba al trabajo y se encargaba de fichar por las otras tres con los correspondientes minutos de diferencia entre fichaje y fichaje para que no se viera que habíamos llegado todas a la vez.

Quién llegaba la primera cada semana era algo que teníamos magníficamente organizado en función de las actividades extralaborales de cada una de nosotras, claro, y  siempre llegaba unos diez minutos antes de la hora oficial de entrada para asegurarse de que  no habría moros en la costa en el momento de fichar.  Y nunca los hubo.  Los  demás trabajadores que fichaban en nuestro reloj llegaban justo a su hora (más tarde que nuestra avanzadilla), nuestros jefes siempre llegaban una hora más tarde como mínimo, y los empleados del Departamento de Personal recelaban pero nunca se molestaron en madrugar para pillarnos con las manos en la masa; supongo que debido a una mezcla de pereza y de diversión por lo que suponían que estábamos haciendo.

Al fin y al cabo, ellos eran responsables de contar el número de horas de cada trabajador de acuerdo con lo que decía su ficha, no de vigilar cómo se llevaba a cabo el procedimiento. (Y nosotras lo sabíamos 😈).

Esta burla a la normativa vigente podía realizarse porque se daban dos circunstancias a la vez:  tareas aburridas y control  estricto para los trabajadores no cualificados, confianza y laxitud para los jefes.  Los nuestros podían vivir tranquilos, sin tener que preocuparse por nuestros horarios:  nuestro trabajo siempre estaba listo en tiempo y forma, como se decía entonces.

Este recuerdo viene a colación porque tengo la impresión de que estamos regresando al Pleistoceno: el gobierno ha dispuesto que todos los trabajadores tienen que fichar,  oficialmente para combatir la precariedad laboral aunque se puede colegir que también  va a servir para  controlar las horas extraordinarias no cotizadas a la Seguridad Social.

Es como si regresáramos a los coches de caballos para disminuir la contaminación del aire en las ciudades:  todo más lento y lleno de bosta, ¿es esa la solución?


Tendremos a todo el mundo controlado y realizando sus ocho horas diarias - al menos aparentemente - pero no supone en absoluto una mejora social: te dejo aquí un interesante artículo publicado en The Conversation  que se plantea qué ocurrirá con los horarios flexibles, el teletrabajo y otras medidas punteras en las que varios países europeos nos llevan una ventaja escandalosa.

El artículo cita a vuela pluma consecuencias como desmotivación, pérdida del sentido de pertenencia, escasa fidelización y pérdida de inversiones realizadas en las personas.  Y todas estas consecuencias repercuten directamente en la cuenta de resultados de las empresas, porque si los empleados no están comprometidos y satisfechos es francamente difícil que los stakeholders se sientan bien atendidos... y decidan relacionarse con otras empresas que puedan satisfacerlos de acuerdo con sus expectativas.

Hay otra consecuencia que no es evidente a primera vista:  cuando una empresa pierde la confianza de clientes y proveedores se encuentra ante tal cúmulo de dificultades que muy a menudo necesita reducir su plantilla, cuando no cerrar el negocio.  Y  ocurre en muchísimas empresas, sobre todo pymes. ¿Eso contribuirá a reducir la precariedad laboral? Cuando hay más personas en paro, ¿consigue la Administración recaudar más impuestos sobre el trabajo?

Es difícil comprender por qué se ha decidido regular el registro de jornada, pero temo que esa decisión se basa en la teoría X de McGregor ... en pleno siglo XXI.

Si queremos estar en el grupo avanzado de los países europeos tenemos que contemplar a la sociedad desde otro ángulo muy diferente, poniendo el foco en la ética, el compromiso y las relaciones de beneficio mutuo. Porque tratar a todo el mundo como si fuese incapaz o tramposo no nos llevará muy lejos.

¿Tines dos minutos más para leer algo relacionado con el planteamiento que propongo?

¿3 días de trabajo semanales? Sí, con valores

14 de febrero de 2019

Pon un deshijador en tu empresa


En las islas Canarias, una de las zonas de mayor producción de plátanos, existe una ocupación artesanal muy especializada llevada a cabo por los deshijadores.


Tamaimos nos explica que Los hijos que nacen de cada platanera son eliminados por el deshijador con una barreta,  dejando uno por madre. Así se organizan las hileras y se produce un hecho curioso, la planta va caminando de madre a hija hasta un centenar de metros. Se alinean buscando el sol, pareadas, una a un lado y otra a otro, para que vayan quedando calles interioresCada planta emite un sólo racimo, muere, se corta y así va sucesivamente. Por eso camina.



 Esta actividad se lleva acabo para obtener un determinado número de plantas en una determinada superficie, para que las plantas mantengan entre sí cierta distancia que facilite a todas ellas captar la luz y los nutrientes precisos para su desarrollo,  y para seleccionar los mejores hijos.

 Salvando las enormes distancias entre una persona y una planta, encuentro muy sugerente para una empresa la figura de una persona responsable de que el conjunto del sistema (en este caso, la empresa) pueda desarrollarse accediendo a los mejoress recursos internos y externos disponibles. De modo que he improvisado un decálogo para el buen deshijador corporativo: 

Una empresa sana cuida de su Ecosistema Interno de forma muy parecida al deshijador en la plantación:
  1.  Tiene muy claro qué objetivos estratégicos se han de alcanzar, con qué recursos cuenta y cómo se deben diseñar los procesos correspondientes para obtener los mejores resultados;

  2. Conoce a todos los hijos de la empresa, sus puntos mejorables y su potencial para contribuir al bien común;

  3. se asegura de que las personas sénior transmitan su savia a las jóvenes para que puedan crecer;

  4.  ayuda a las jóvenes a encontrar su camino de luz para recibir los inputs necesarios;  (asistencia a eventos del sector, formación especializada, mentores, participación en proyectos retadores y motivantes, etc.);

  5. verifica que el camino esté expedito para poder transitar sin problemas;  (se cuida de que todas las personas que de una u otra forma trabajan para la empresa conozcan a fondo cuáles son sus responsabilidades y cómo han de proceder para alcanzar los objetivos consensuados; comprueba que cada una de estas personas trabajan para el bien común y no se produzcan solapamientos / duplicidades / vacíos...);

  6. comunica a su Ecosistema Externo los logros obtenidos e incluso en ocasiones puede compartir parte de su know how;

  7. las personas que no pueden, a pesar de los apoyos recibidos, hacer aportaciones sustanciales a la empresa se incluyen en un programa de outsourcing para que puedan proseguir su crecimiento en otra platanera más acorde a su perfil;

  8. Al igual que los hijos de la platanera que no han sido seleccionados cooperan convirtiéndose en abono para las plantas que crecen, el deshijador de la empresa tiene previsto un procedimiento para que las personas que vayan a desvincularse participen previamente en un programa de relevo, con la finalidad de que  no se pierda el know how adquirido en la empresa a lo largo del tiempo;

  9. De forma similar al  deshijador,  quienes se cuidan de este proceso en la empresa necesitan tener amplios conocimientos de diversas disciplinas, de la historia y cultura de su propia empresa y de los recursos internos y externos accesibles para el éxito del proyecto empresarial;

  10. y forma periódica y planificada se pasea por la plantación para asegurarse de que las cosas funcionan como debieran y  buscar, a la vez, diversas formas de mejora continua para que todas las plantas reciban la atención y recursos suficientes para alcanzar su plenitud y dar lo mejor de sí.


¿Quieres ver cómo lo hacen en Canarias?
Rufino, maestro de deshijadores , 
Deshijado de la platanera  
Técnicas de cultivo de la platanera en La Palma 

7 de enero de 2019

Naturaleza y gestión empresarial en versión radiofónica


Una vez más, Rosa de Diego ha tenido la gentileza de invitarme a su programa Llibres, píxels i valors para charlar sobre la cantidad de conocimientos que podemos adquirir si miramos atentamente a la naturaleza.  En esta oportunidad, conocimientos aplicados al mundo de la empresa para dibujar un nuevo modelo de gestión.

La charla está aquí:





El guión parte de la charla de TEDxGracia sobre Biomimética Organizacional, que te dejo aquí:


La última parte del coloquio con Rosa se centró en el sistema de indicadores de ética en el comportamiento de los directivos, que ha certificado el Club Nuevo Mundo de Tendencias21.

Agradezco mucho a Rosa de Diego la oportunidad que me ha brindado de compartir con sus oyentes estas ideas que espero contribuyan a hacer entre todos un mundo un poquito mejor.

Y también te agradezco a ti el tiempo e interés que has dedicado a llegar hasta aquí 😀.

20 de noviembre de 2018

Exoesqueletos y ética

En el seno de las organizaciones, primero, la seguridad física; la psíquica vendrá después

En la naturaleza, el exoesqueleto es una estructura  que recubre la superficie de los animales del filo artrópodos y cumple  - entre
otras - una función mecánica, proporcionando el sostén necesario para la eficacia del aparato muscular.

Los exoesqueletos o  exotrajes industriales ayudan a reducir el estrés de los trabajadores y facilitan la ejecución de trabajos físicamente exigentes. Se pretende con ello evitar lesiones y hacer más llevaderas las tareas que exigen esfuerzo físico, evitando lesiones y absentismo.

Cuando un trabajador dispone de un exoesqueleto puede pensar que su empresa se lo proporciona únicamente por razones económicas (menos bajas por accidente, más productividad…), pero también existe otra forma de verlo: el trabajo adquiere un cierto aspecto lúdico por el manejo de la nueva herramienta,  su porcentaje de errores baja sensiblemente, puede rendir lo mismo con menos esfuerzo,… y sobre todo, su integridad física está más protegida.

En realidad, llevamos muchísimos  años intentando proteger nuestro cuerpo ante situaciones de peligro físico;  las armaduras medievales se han transformado ahora en exoesqueletos. Ha cambiado el escenario, pero el objetivo final es el mismo.




Y también desde hace miles de años sabemos que no es suficiente proteger el cuerpo desde un punto de vista físico:  en todas las culturas humanas existe algo intangible que intentamos proteger para sentirnos más seguros en múltiples aspectos de la vida, como la toma de decisiones y las relaciones interpersonales.  Si tenemos una protección eficaz podremos dibujar mejor el contexto en el que nos ha tocado movernos y así poder sentirnos bien con nosotros mismos y con los demás.

En este sentido todos los pueblos tienen alguna leyenda o creencia que sirve para transmitir las ideas básicas de qué está bien y qué está mal y para sentirnos más protegidos si acatamos ciertos principios.  Es generalmente una representación simbólica de algo desconocido que nos observa, nos evalúa y nos protege a la vez.

En el País Vasco existe la leyenda del Basajaun, personaje que vive en lo más profundo de los bosques, en el interior de oscuras cuevas y lejos de la mirada de los curiosos, y cumple un papel de protector de la naturaleza y los rebaños, a quienes pone sobre aviso ante la llegada de tormentas o depredadores.  Todos los lugareños que conocen a Basajaun saben qué hacer y qué no hacer, cómo respetar sus deseos y cómo seguir sus indicaciones.


Basajaun me gusta especialmente como ejemplo porque tiene su propio sistema de defensa  contra la climatología adversa, las rozaduras y otros posibles riesgos de vivir en el bosque:  cabellos y barba le cubren todo el cuerpo a modo de armadura. Un ser seguro que se mueve tranquilo en su entorno cuidando de la naturaleza y de las personas que allí habitan.

Actualmente no utilizamos armaduras medievales, del mismo modo que no creemos en Basajaun.  Pero no nos resistimos a reproducir una y otra vez estas dos ideas básicas de protección física + protección psíquica.

 Del mismo modo que la armadura se ha convertido en exoesqueleto, Basajaun (y otras creencias que ayudan a compartir valores) se ha convertido en códigos éticos que en las organizaciones tienen la misión de definir y orientar sobre comportamientos plausibles o censurables de acuerdo con sus valores corporativos.



Así que, ahora en la primera mitad del siglo XXI tenemos una suerte de combinación  exoesqueletos + códigos éticos que se convierten en un tándem ideal para conseguir que la organización alcance sus objetivos estratégicos respetando a la vez las necesidades de todos sus partícipes.

Y todo ello sin olvidar que lo primero es la seguridad física, la psíquica vendrá después.  Bienvenidos entonces los exoesqueletos acompañados.



Te dejo aquí alguna información sobre exoesqueletos:  10 Exoesqueletos más avanzados del mundo, Exoesqueleto: El futuro del EPI en los trabajos industriales

16 de octubre de 2018

¿Conoces la teoría de la boina?


Retomo aquí mi antigua "teoría" de la boina para que pensemos juntos en algo serio pero informal, para distender y disfrutar mientras avanzamos. Si te gusta, me encantaría algún comentario tuyo.  Muchas gracias por anticipado. 💓

Soy vasca y, como muchos vascos de mi época, crecí con una boina encasquetada a rosca.

Una boina encasquetada a rosca es mucho más que un pedazo de lana:  te dirige la mirada y el pensamiento hacia una realidad estrecha y monolítica, más allá de la cual solo hay seres desdeñables.

A lo largo de los años he ido utilizando sombreros, gorras, pañuelos, viseras...  y me he percatado de que, en general, cuanto más reducido y liviano es el tocado más posibilidades tengo de dejar que mi cabeza y mi corazón se abran para captar y aprehender toda esa maravillosa variedad de seres que nos rodean.

Y el último descubrimiento fue éste:  si menos es más, cero debe de ser infinito 😜 ¿Por qué no prescindir de los tocados?  Así no constriño mis neuronas y permito que se aireen y regeneren.  Conclusión:  mejor sin tocado.

Pero los tocados también tienen su utilidad, obviamente, como toda simbología:  nos ayudan a entender el contexto cultural de la persona que lo lleva, su estatus dentro de su entorno, los valores que encarna en esos momentos para su comunidad....

Y nos hemos ido acostumbrando a identificar a una persona por su tocado. Confundimos a menudo "esta persona es..." con "esta persona lleva ahora la gorra de..."  Así que, como nuestro cerebro siempre tiende a encontrar la fórmula más sencilla, nosotros mismos nos hemos amoldado a identificarnos con nuestra gorra.  


Cuando nos presentamos sin este accesorio estamos permitiendo que las demás personas se asomen a toda nuestra riqueza personal, lo que generalmente propicia una interrelación cálida, próxima, gratificante y generadora de nuevas realidades.  Ahora sí, y no antes, funciona estupendamente ponerse la gorra que toque en ese momento:  es bueno que el interlocutor pueda enmarcar adecuadamente el contexto en el que vamos a mantener la relación.

 Enmarcar el contexto es una sana costumbre que ayuda a que todos los interlocutores comprendan qué se puede y qué no se puede aceptar, qué papel va a asumir cada persona en ese contexto, qué se espera conseguir con la cooperación de todos... una forma magnífica de conseguir altas cotas de compromiso.  Compromiso =3R,  una sencilla fórmula aplicable en cualquier situación de interrelación.  Seguro que enseguida descubres dónde y cómo usarla 😎 .

 Así que la receta sería algo así como: 


 ¿Hasta qué punto estás de acuerdo?

27 de septiembre de 2018

Empleados sin trebejos

Escultura ante el edificio Harpa, Reykjavík (I)
Junto al precioso edificio Harpa, en Reykjavík, se encuentra la escultura de un músico preparado para ejecutar su pieza en el concierto:  mirando hacia el director, sentado con la espalda recta, las piernas dispuestas para acoger el instrumento, la mano izquierda en el mástil, la mano derecha dispuesta a atacar las cuerdas...

Un momento: ¿dónde está el arco? ¿Cómo se puede tocar el violonchelo sin un arco?  Quizás solo deba tocar un pizzicato.  Es posible, pero en ese caso no se entiende la posición del brazo derecho.

La escultura parece querer representar al músico en el transcurso de la ejecución de una obra.  Yo aseguraría que no hay ninguna obra en la que solamente se toquen pizzicatos, además de que no sería representativo del edificio vecino, dedicado a convenciones y conciertos.  Así que parece lógico pensar que está interpretando una obra convencional... pero sin arco.

¿Se trata de un músico excelso, capaz de hacer vibrar las cuerdas solo con hacer el gesto adecuado? ¿Es un instrumento del futuro, que únicamente necesita la puesta en escena para deleitarnos con sus sonidos? ¿Es una broma que el músico gastó al director de orquesta? ¿Se le rompieron las cuerdas del arco y continuó el concierto disimulando como si no hubiese ocurrido nada?

Estas y otras muchas preguntas podemos hacernos ante tan sorprendente escultura.  Yo la he asociado sobre todo a situaciones más corrientes de lo deseable en las que la organización está pidiendo al empleado que consiga objetivos sin dotarle de los recursos adecuados.

En estas circunstancias suele ocurrir que el empleado hace como si realmente estuviera centrado en la consecución de los objetivos:  habla por teléfono, teclea en su ordenador, asiste a reuniones, busca información, escucha a su jefe... todo parece estar en orden.  Pero la realidad es que los objetivos no se alcanzarán porque la falta de medios lo impide.

El empleado está, pues, en una situación estresante en la que no se atreve a reclamar lo que realmente necesita y no se atreve a abandonar el proyecto.  Mal para el propio empleado, mal para el equipo / jefe del proyecto y mal para la organización.  Se ha perdido tiempo, se han aplicado mal los recursos existentes, se ha generado confusión y malestar, se está propiciando la aparición de respuestas indeseadas en el mercado...

La carencia de medios es evidente.
Escultura ante el edificio Harpa, Reykjavík (II)

¿Por qué no lo admite el jefe / la organización?
Falta de los medios necesarios, falta de visión de futuro, falta de  respeto a las personas, falta de  recursos económicos, falta de flexibilidad para redefinir los objetivos, falta de planificación... las causas suelen ser múltiples y entrelazadas, pero en cualquier caso la ejecución es francamente mejorable y el precio a pagar por parte de los empleados demasiado alto.


(Puedes ojear un artículo relacionado, ¿Cuestión de tacones?)

  Esta curiosa escultura, con su curiosa falta del arco, puede ser solo un motivo para dar qué pensar al observador, pero en cualquier caso no forma parte de la normalidad.

¿Seguro?  Mira esta escultura sita ante el edificio Perlan de la misma ciudad: 

Escultura ante el edificio Perlan, Reykjavík
Este cuarteto está en plena ejecución, se ve claramente que sus cuerpos acompañan la melodía.  Podemos, por sus posturas, intuir qué instrumento está tocando cada uno. ¿Dónde están los instrumentos?  Como en el caso anterior, es éste un curioso caso de empleados capaces de realizar su trabajo sin disponer de los trebejos correspondientes.

Por lo visto, en Reykjavík son capaces de hacer maravillas partiendo de cero 😉.

Desconozco el móvil que llevó a los escultores a ofrecernos sus obras inacabadas de esta forma tan sugerente.  Personalmente, pasé un buen rato observando y suponiendo al lado de cada una de ellas, y concluí la visita con un buen sabor de boca:  no sé por qué lo hicieron así, pero sí sé que son creativos, sugerentes, provocadores y un tanto guasones.  Necesitamos muchas personas así en esta sociedad actual tan centrada en malas noticias...

18 de junio de 2018

Hakuna matata

Cuando has puesto mucho de tu parte para poder disfrutar un día en el  Ngorongoro y al llegar te encuentras con una espesa niebla que te impide bajar al cráter, no sabes si cortarte las venas o dejártelas largas.

Es una sensación muy común cuando nuestras expectativas se ven frustradas:  lo primero que se nos ocurre es repasar cuántas pérdidas hemos tenido en términos de esfuerzo, tiempo, dinero, etc. y enseguida deducimos que la situación nos ofrece un  horrible balance negativo, así que lo único que nos queda por hacer es elaborar un cóctel compuesto por diferentes cantidades de  rabia, frustración, impotencia, desilusión y enfado.

Todo eso si no eres una persona swahili.   Hakuna matata es una conocida frase swahili que significa "no hay problema", "no te preocupes", "vive y sé feliz", y se considera la versión africana de carpe diem.  En muchas zonas de África se utiliza frecuentemente y en las más variadas situaciones, pero siempre con el mismo propósito.  Y les funciona francamente bien.  ¿Se ha atascado el coche en un barrizal? Hakuna matata:  aprovechemos para charlar sobre su cultura mientras llegan refuerzos.  ¿Nos paran cien mil veces los gendarmes para pedir siempre los mismos papeles? Hakuna matata:  podemos aprender a distinguir los distintos cuerpos de policía del país y sus atribuciones. ¿Hay que hacer cola y no sabemos cuándo podremos seguir? Hakuna matata: disfrutemos de la alegría de los niños que se acercan a mirarnos como si fuésemos bichos raros (que lo somos), sus sonrisas, sus elegantes movimientos, sus ojos pícaros...

Así que, puesto que no había forma de bajar al cráter, ¿qué tal un poco de Hakuna Matata? Siempre podríamos intentarlo otro día,  y mientras  tanto, ¿por qué no disfrutar de la belleza de un paisaje acariciado por la niebla? Fíjate en el precioso color de las plantas que están en primer plano, en la gracia del árbol que juega a esconderse entre las nubes, en las siluetas que se asoman al fondo tímidamente (¿qué plantas serán?), en la capa de niebla que limpia las hojas,  en la sensación de paz que desprende el conjunto, en el olor de la naturaleza en estado puro, ... 

Funciona.  Nuestros pensamientos conforman nuestros sentimientos, y éstos nuestros comportamientos (puedes ver 'El único poder es la mente' , o 'Aprender a gestionar las emociones' , con Punset). 

En el mundo de las organizaciones también funciona. Ante un error podemos llevarnos las manos a la cabeza, despedir a la persona culpable, andar gritando por los pasillos, y muchos otros comportamientos que seguramente habrás visto en alguna ocasión.   Y también podemos hacer otra cosa:  en vez de lamentarnos  gastando inútilmente tiempo y esfuerzos, podemos enfocar la situación desde otro ángulo, porque seguramente hay más de una forma de analizar la situación que nos ocupa.

Es como un anillo lleno de facetas. Si lo miramos desde arriba podemos ver un hueco (falta material), si lo miramos de frente podemos ver una faceta que brilla más que el resto (está mal enfocado), si lo miramos distraídamente podemos ver un jarrón, o un vaso, o un florero, o un dedal...  y si nos tomamos el tiempo y el trabajo necesarios podemos ver muchas otras cosas:  por ejemplo, que cada una de las facetas es capaz de brillar si la ponemos bajo la luz adecuada. ¡Qué sugerente! ¿Qué podríamos hacer con la luz, las facetas y las posiciones? ¿Qué otros elementos podríamos añadir para enriquecer el planteamiento?

Así que Hakuna Matata nos brinda la oportunidad de rebajar los niveles de distrés y contemplar la situación con ojos limpios, porque es casi seguro que encontraremos algo que nos permita decir vive y sé feliz. Vivir el momento es algo que nos recomiendan médicos y psicólogos y que se aplica desde la antigüedad en diversas culturas.  Y si conseguimos estar relajados la mente se abre y aparecen las ideas maravillosas que nos permiten vivir la vida.  Te dejo aquí dos ejemplos de lo dicho, cómo un aparente fracaso llevó a un éxito (20 descubrimientos accidentales)  y cómo encontrar oportunidades (Técnicas creativas para encontrar buenas ideas). 

Si nos limitamos a estar, sin más, podemos incluso encontrar motivos de diversión en el momento más inesperado: mira Divertimento, un neologismo marrón.

Así que mi propuesta es: vive la vida en cualquier circunstancia en la que estés y encontrarás algo positivo. ¿Estás de acuerdo? ¿Quieres contarme alguna experiencia tuya en este sentido?

Finalmente,  te dejo un fragmento de la película El Rey León con la secuencia Hakuna Matata.  Que lo disfrutes.

18 de marzo de 2018

La serpiente que no sabía silbar



Cuentan que una pequeña aldea vivía atemorizada por una serpiente que atacaba a todos los viandantes que pasaban por sus caminos. Los aldeanos, cansados de la serpiente, decidieron acudir al sabio de la aldea para que hablase con la serpiente y  dejase de atacarles.

El sabio habló con la serpiente y consiguió convencerla para que dejase pasar a los aldeanos por los caminos sin atacarlos.

Pasado un tiempo, el sabio se encontró nuevamente con la serpiente. Estaba en muy malas condiciones,  tenía un ojo morado y magulladuras por doquier.

"¿Qué te ha pasado"? le preguntó el viejo sabio.

"¡Ay, viejo sabio!" respondió la serpiente, "mira lo que me han hecho tus aldeanos al dejar de atacarles"

El viejo sabio le respondió, "Yo te dije que no les atacases, pero no que no silbases"

¿Tú que haces normalmente?  ¿Muerdes, te callas o silbas?

Cuando alguien muerde  aleja a los demás , porque tarde o temprano todo el mundo procurará alejarse de su presencia. Morder puede ser muy cómodo desde cierto punto de vista, porque así los demás no molestan.  El problema es que,  salvo que se sea como Simón el Estilita, en algún momento necesitará  la compañía y el calor de esas personas a quienes ha alejado.  Seguro que conoces a alguien que te agredía con su forma de hablar, o solo se te acercaba cuando ella te necesitaba, o te hacía desplantes delante de los demás, o se aprovechaba de ti siempre que podía.... Y es muy probable que le hayas retirado el saludo o al menos tengas algunos trucos para apartarte de ella siempre que te sea posible.

Bueno, pues entonces podemos hacer como hizo la serpiente de la fábula:  callarse. Cuando alguien se calla puede resultar una compañía deseable.  Seguro que conoces a alguien que no habla por no molestar:  permite que otras personas decidan por ella, acepta sin rechistar trabajos extra, en casa hasta el gato tiene más autoridad, nunca se ha peleado con un vecino... Todo el mundo acepta a esa persona y se cuenta con ella en múltiples entornos.

A priori parece una buena forma de convivir, pero a medio plazo puede resultar lesiva:  como a nuestra buena serpiente, nadie la tendrá en cuenta porque sus necesidades siempre quedan en segundo término;  es más, incluso es posible que ni siquiera se conozcan.  

Callarse supone que muy a menudo los demás nos ninguneen, abusen de nuestra buena fe, nos exijan más o menos disimuladamente esfuerzos extra, nos adjudiquen responsabilidades ajenas y otras muchas formas de avasallamiento que nos irán pasando factura.  Como nuestra pobre serpiente, acabaremos llenos de roces y magulladuras.

Cuando alguien silba avisa a los demás de su presencia. Es un claro mensaje de "estoy aquí, házme caso, no me trates mal porque yo también puedo hacer daño; y no quiero entrar en ese juego que es malo para ambas partes".  Hay silbidos armoniosos y silbidos amenazantes, suaves y armónicos o estridentes y malsonantes.  Cada uno tiene su silbido, y lo importante es utilizarlo.  Con el tiempo, como un niño que aprende a tocar la flauta, iremos encontrando el tono, ritmo y volumen más adecuado para relacionarnos con los demás y transmitirles esa idea básica de te respeto y espero que me respetes. Y con el tiempo, igual que el niño se convierte en un virtuoso flautista, seremos capaces de amoldar nuestro silbido a la persona y el contexto en el que nos estemos relacionando.  

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16 de enero de 2018

Sobre los expertos

Un experto es quien sabe cada vez más sobre menos cosas, hasta que sabe absolutamente todo acerca de nada. Anónimo

Mi amigo Iñaki me ha enviado este vídeo que no tiene desperdicio:




Nos hemos pasado prácticamente toda la vida intentando ser expertos en alguna materia, porque era lo socialmente deseable.  Tiempo y tiempo leyendo, estudiando, practicando, acudiendo a jornadas, congresos, eventos... para llegar a un momento como éste, en que lo que conviene es precisamente cuestionarse todo lo aprendido, dejarlo de lado en gran parte y comenzar de nuevo.

Eduardo Punset dice que desaprender lo sabido es ahora mucho más importante que aprender cosas,   y Javier Eslava lo explica muy bien aquí.  Estoy de acuerdo especialmente en lo que explica relativo al juego.

(Ver enlaces relacionados: Guardería para maridos y la F1 y El bombero tricotoso, la gamificación y el liderazgo compartido)

No tengo argumentos científicos para decirlo, pero lo digo:  no estoy de acuerdo.  O no estoy de acuerdo en parte, al menos.  

Me parece perfecto incorporar nuevos conocimientos, y sobre todo nuevas formas de posicionarse en la vida:  con más proactividad, con más visión de conjunto, con más humildad, con más ganas de aprehender... estoy de acuerdo.


Pero eso no significa necesariamente tener que tirar a la basura conocimientos antiguos que ahora no sirven para nada.  Dicen.  Pongo un ejemplo que he leído recientemente:  no sirve para nada recordar la lista de los reyes godos.  Discrepo. Recordar la lista de los reyes godos puede servir para muchas cosas:  ejercitar la memoria, recordar los años escolares, reírse de esos nombres tan raros, hacer un concurso sobre cosas que no se usan, saber que tras de mí hay una gran carga de historia,  ganar una partida de trivial... y, sobre todo, reconocer que una vez eso fue importante para mí

Decir que no sirve para nada me parece una visión utilitarista del conocimiento.  Yo estoy más de acuerdo con Guillermo Dorronsoro cuando habla del hombre del Renacimiento:  conocimiento sí, pero poniendo a la persona en el centro.

Francisco Mora también hace una precisión interesante en el artículo "Aprender y Memorizar moldea el cerebro"

Considero que yo soy en parte el resultado de los conocimientos que he ido adquiriendo a lo largo de la vida. Muchos de ellos no me resultan útiles ahora, lo sé, pero no por ello tengo que borrarlos. Es como si dijera que voy a quemar mi biblioteca porque ahora utilizo ebooks.  

Yo soy así porque he llegado hasta aquí aprendiendo muchas cosas, y ese "soy así" es la base para seguir creciendo y poder decir que seré otra persona mejor.  Como decía Ortega y Gasset, “El progreso no consiste en aniquilar hoy el ayer, sino, al revés, en conservar aquella esencia del ayer que tuvo la virtud de crear ese hoy mejor.”

Se construye sobre lo que existe, no sobre la nada.  Los frutos que nos regalan los árboles surgen y maduran gracias en parte a que en su momento las hojas se pudrieron en el suelo e hicieron mantillo. Las hojas no desaparecieron, sencillamente.

Será Mantillo
Yo quiero que mis conocimientos antiguos sean mi mantillo.  No quiero olvidar, quiero saber más y mejor de muchos ámbitos de la vida. Y eso significa, entre otras cosas, no ser experta en nada;  como mucho, saber un poco más de algo.

¿Cómo lo ves tú?