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9 de noviembre de 2021

Divertimento: una sonrisa acuática

 Hace unos pocos días tuve la suerte de dar un paseíto por la ría de Vigo para cruzar de un lado al otro y me embarqué en un catamarán blanco, limpio y atractivo cuyo aspecto prometía media hora de deleite.

Me acomodé en la cubierta (que curiosamente está descubierta, maravillas del lenguaje 😈), al aire libre,  para disfrutar del aire y del sol.

Apenas arrancó el motor comenzó  el regocijo:  una cinta grabada  -al estilo de las que ponen los aviones antes de arrancar para aleccionar a los pasajeros- lanzó al aire un breve discurso que comenzaba diciendo: 

 "el comandante de este navío y toda su tripulación..."

De acuerdo que la palabra navío puede aplicarse en el sentido de barco que sirve para conducir mercancías o pasajeros de unos puertos a otros, pero normalmente utilizamos el término para referirnos a barcos grandes, y de hecho el DLE así lo define en sus primeras acepciones. 

De modo que comencé a sonreir por la sorpresa que me causó el término.  

Pero eso solo fue el principio, porque en un barquito de esas dimensiones me resultó muy curioso que se hablara de "comandante", término que aplicamos normalmente al jefe de una armada o al piloto de un avión.... y más curioso aún que aludiera a "toda su tripulación" cuando en realidad se trataba de una sola persona que se ocupaba de  revisar los billetes de los pasajeros y lanzar las amarras para asegurar / liberar el barco en el muelle de turno.

De modo que la conseguida frase "el comandante de este navío y toda su tripulación" dio de sí para reirme un buen rato porque le vi varias interpretaciones sugestivas:

  • Copiaron tal cual el mensaje estándar de los aviones: quizás debido a una reflexión previa del tipo se estila en vehículos que transportan pasajeros, luego hagámoslo. ¿Para qué rompernos la cabeza descubriendo la rueda?

  • Decidieron que su trabajo y su estatus no desmerecía en absoluto de los correspondientes en la aviación, luego, ¿por qué no ponerlo de relieve con el lenguaje apropiado que resaltara los méritos?

  • Eran conscientes de su tamaño real y de la complejidad de su trabajo en comparación con los aviones, así que decidieron hacer a los pasajeros un guiño risueño para suscitar una sonrisa, otra forma más de hacer ameno el breve trayecto.

Desde mi punto de vista, la primera opción refleja un enfoque pragmático del trabajo.  💯

La segunda, una visión un tanto sesgada de los responsabilidades y los méritos inherentes, que en este caso puede ayudar positivamente a sobrellevar la monotonía de tantas horas haciendo prácticamente lo mismo. 💯

La tercera sugiere un espíritu burlón, positivo y juguetón que se agradece mucho en cualquier entorno laboral, puesto que estimula la creatividad y la capacidad de diversión de los trabajadores y  de los clientes. 💯

En cualquiera de los tres casos, se consiguió que -al menos yo- estuviera muy pendiente de todo el mensaje para ver si descubría otras joyas ocultas.  No fue así, pero puedo aseguraros que sé cómo proceder en caso de imprevistos en una embarcación de este tipo :)

Y, lo mejor de todo, es que aún después de haber desembarcado seguía con una sonrisa en los labios y la mente retozona.  Muchas gracias, señor comandante y señor miembro de la tripulación, los regalos inesperados se agradecen el doble :)

14 de septiembre de 2020

Abejas y startups

 Hay muchas formas de fundar una empresa, y en los últimos tiempos hablamos frecuentemente de las startups. También para este enfoque podemos encontrar preciosos paralelismos en la naturaleza, como no podía ser de otra forma:  esta vez, vamos a aprender de las abejas.

@Shopify  y @ThinkAndStart  definen  Startup como "una organización humana con gran capacidad de cambio, que desarrolla productos o servicios, de gran innovación, altamente deseados o requeridos por el mercado, donde su diseño y comercialización están orientados completamente al cliente".
 
Tengo para mí que las startups exitosas copian su modelo de gestión del mundo de las abejas, o, si no es así, el mundo de las abejas puede ser un buen ejemplo para quienes deseen arrancar una startup.  Veámoslo utilizando para ello un precioso artículo de  Pilar De la Rúa  y #JoséSerranoMarino, de la UMU, Las abejas también se mudan: ¿qué hacemos si eligen nuestra casa?

El enjambre constituye la forma natural de reproducción de la colmena.  En el mundo de las abejas, conforme avanza la primavera, la entrada creciente de néctar y polen merced al trabajo incesante de las exploradoras es el estímulo para que la reina ponga un número igualmente creciente de huevos, hasta 1500 o más cada día. 

El resultado de esta actividad frenética es una explosión demográfica que puede superar los 60000 individuos.  Empieza entonces a faltar el espacio en la colmena.  A este problema se añade otro estrechamente relacionado:  el control basado en feromonas que ejerce la reina para que solo ella pueda depositar huevos se debilita al aumentar la densidad de indivuos.
 
Cuando una empresa estandariza y optimiza sus procesos hasta  alcanzar altas cotas de producción en serie (como por ejemplo fábricas de neumáticos), va copando el mercado con su producto y de forma paralela se va acumulando en el planeta una serie de  residuos indeseados, además de alienar generalmente a los empleados con rigurosos procedimientos que no dejan la más mínima opción a aplicar sus habilidades de alguna otra forma.

Estos factores, y otros como la edad de la reina, son el incentivo para que algunas obreras comiencen el proceso reproductivo. Para ello toman huevos recién puestos por la reina, los sacan de la celdilla ordinaria y los depositan en celdas mucho más grandes, la “realeras”, donde la alimentación exclusiva con jalea real dará lugar a numerosas reinas vírgenes.

 En esa etapa en que residuos y personas son tratadas de forma similar - algo que sobra y/o no merece la pena sacarle más partido - algunos empleados comienzan a  interiorizar el know how corporativo que esté a su alcance y a formarse  por su cuenta en conocimientos y habilidades para poder dibujarse un futuro mejor.  También suele ocurrir que esta etapa de formación sea compartida por varios empleados, que han soñado juntos la creación de un negocio compartido.

Cuando aún se están desarrollando como larvas, estas reinas jóvenes ya emiten feromonas peculiares. Estas sustancias y otros factores de la colmena acaban “convenciendo” a la reina de que sus días de monarca única están contados. Es la hora de enjambrar.

Nuestros empleados / reinas jóvenes emiten sus feromonas peculiares: comienzan a compartir los nuevos conocimientos adquiridos y a dibujar el esbozo de su próximo futuro profesional común.

Si la climatología es favorable, la reina se sitúa en la puerta (piquera) de la colmena y haciendo uso intenso de su atracción química, llama a todas las abejas que puede. Estas ingieren rápidamente una buena cantidad de miel y polen, y en un momento determinado, generalmente a primera hora de una mañana soleada, emprenden el vuelo formando un enjambre. Habrá unas 10 000 o 20 000 abejas, que siguen a la reina hasta un lugar generalmente cercano, donde se toman un descanso y comienzan la búsqueda del lugar idóneo para fundar una nueva colonia.

Si la situación social y las condiciones del mercado son favorables, la persona que en principio hará de líder del nuevo equipo aglutina a su alrededor al resto de compañeros para conseguir un equipo compacto, de forma que cada uno de los componentes se sientan partícipes del nuevo proyecto y sean proclives a compartir conocimientos y experiencias orientadas a la nueva realidad que ya vislumbran. 
En esta etapa suele ser habitual que el nuevo equipo se instale en un local prestado, una  incubadora o algún otro lugar que facilite el arranque del proyecto ofreciendo no solo el espacio, sino apoyos de diverso tipo (económico, tecnológico, etc. en forma de préstamos blandos,  plataformas de micromecenazgo, business angels, asesoría pro bono,  etc.).

Elegir el emplazamiento adecuado es toda una demostración de comportamiento social en cuanto al proceder cooperativo y democrático. Varias exploradoras salen del enjambre y visitan lugares diversos. Después de una inspección cuidadosa de lugares candidatos (humedad, oscuridad, abrigo de vientos, entradas y salidas defendibles), regresan a la bola de abejas del enjambre.

En esta etapa, cada uno de los miembros del equipo se acerca a sus contactos profesionales, personales y familiares que puedan aportar alguna visión enriquecedora y /o algún tipo de apoyo extra, navegan en las redes, acuden a congresos y jornadas profesionales, contactan con antiguos profesores… de forma que entre todos recogen numerosos datos valiosos para decidir cómo, cuándo y dónde les conviene establecerse.

Comienza entonces la información persuasiva: la exploradora que trae una valoración discreta de un lugar mediocre ejecutará una variante especial de la famosa “danza de las abejas”, y comunicará sus impresiones poco estimulantes. La que vuelve con una valoración elevada ejecutará la danza con gran vigor y a los pocos minutos emprende el vuelo nuevamente, pero ahora seguida por un número notable de abejas del enjambre, que quieren verificar si el lugar es tan bueno como dice la exploradora entusiasta. 

La puesta en común de la información recogida es vital para poder tomar una decisión, de forma que todo el equipo escucha las nuevas que aporta cada miembro y después realizan entre todos un análisis de los datos recopilados, a fin de sopesar puntos fuertes y débiles de cada una de las opciones que se perfilan.  Normalmente se decantan por una o dos que parecen más favorables, de forma que la siguiente etapa consiste en que todo el equipo verifique la bondad de la información para poder decidir con mínimo riesgo.

Poco a poco el enjambre irá descartando sitios hasta quedar finalmente uno, que es elegido por ser el que despierta mayor interés para el mayor número de exploradoras. En el enjambre se ha generado una mayoría de abejas informadas y convencidas, y entonces todas emprenden el vuelo hacia el nuevo hogar.

En este momento es importante para el equipo que todos los miembros alcancen el consenso, puesto que van a hacer una apuesta arriesgada:  salir de la pequeña zona de confort que les alberga hasta el momento para establecerse por cuenta propia.

Entre sus reflexiones finales, los autores explican que la fobia a los enjambres se traduce en el rechazo a su presencia por parte de las personas que habitan allí donde se hayan instalado. Sin embargo, hay que recalcar que las abejas de la nueva colmena no van a picar a las personas que están cerca, a menos que sientan que algún enemigo quiere atacar su casa. Solo entonces sus habitantes saldrán a defender la colonia sin importar la vida propia.

Puede suceder que esta nueva "colmena" sufra el rechazo de "vecinos" tradicionales que ven amenazada su cómoda vida de siempre produciendo, vendiendo o consumiendo como siempre se ha hecho.  Si esos "vecinos" son inteligentes, en vez de atacar a la colmena para destrozarla harán bien en estudiar sus peculiaridades para poder amoldar sus negocios a la nueva era.  Si no son inteligentes es probable que boicoteen a la nueva empresa mediante bulos en las  redes, campañas de propaganda, desinformaciones prediseñadas y otras muchas artimañas que, afortunadamente, son conocidas por cada vez más ciudadanos concienciados y responsables.

Es muy posible que conozcas algunas startups que valgan la pena, en cuyo caso te recomiendo que les hagas toda la propaganda posible porque son el futuro de nuestra sociedad.  Y me aplico el cuento dejando aquí algunos enlaces a empresas que han seguido el proceso descrito y me gustan especialmente por lo que tienen de añadido:  ayudan a disminuir los residuos industriales que están destrozando el planeta.

·         ecoalf : elaboran prendas de vestir a partir de  viejas redes de pesca recuperadas del mar.

·        Vegea:  productos veganos a partir de restos orgánicos.

·        Gomavial:  productos industriales a partir de neumáticos.

   Saye, la firma de zapatillas veganas que planta árboles.
 
         Bioo, electricidad a partir de restos orgánicos.

Trabajar en pro de un futuro bueno para la empresa y sus partícipes y para llegar a la vez a ser una parte integrante del planeta (en vez de esquilmarlo como acostumbran las empresas "normalizadas")  es un planteamiento plausible e imprescindible en este siglo.  Bienvenidas sean.

11 de junio de 2020

Tenemos que bajarnos los humos

Ahora que ¡por fin! estamos entendiendo que nuestra soberbia y nuestra ambición como especie nos ha llevado a un punto de casi no retorno respecto al futuro de nuestro planeta, parece que poco a poco está calando la idea de que, lejos de ser los reyes de la  creación, solo somos un bicho más dentro del gran engranaje que llamamos vida.

Dicen que más vale tarde que nunca, así que alegrémonos de que comencemos esta transición desde el más arraigado antropocentrismo hacia una "nueva" cosmovisión que nos ayude a ponernos en nuestro sitio.  Porque reconocer las limitaciones propias y las características de los demás seres con quienes compartimos hogar es un excelente punto de partida para revertir la emergencia climática que difícilmente se logrará solo con las miopes medidas que están adoptando nuestros políticos.  De hecho, en esencia no se trata de tomar medidas (aunque es cierto que ayudan), sino de cambiar nuestra visión respecto a los recursos naturales y a la vida en general.

Es evidente que tenemos datos de sobra para que se nos bajen los humos: sabemos que nuestro genoma consta de unos 30.000 genes, (solo un 50% más que un  gusano), y también sabemos que compartimos con el chimpancé el 96%, 90% con el gato doméstico, 85% con el ratón, 84% con el perro, 69% con el ornitorrinco, 65% con el pollo… y 60% con el plátano, sin ir más lejos.

Diversos científicos han llegado a la conclusión de que la vida no es ese precioso y cuadriculado árbol con ramas matemáticamente dispuestas para representar los linajes, sino más bien una especie de enredadera que entrecruza y superpone sus ramas.  Ello ayuda a comprender mejor que tenemos un antepasado común con los árboles, y con numerosos animales muy diferentes entre sí.

Si aceptamos este planteamiento podemos empezar a ver la vida desde otro ángulo, lo que nos puede predisponer a aprender de la naturaleza.

A modo de ejemplo, incluyo un párrafo de "La vida secreta de los árboles" (Wohlleben  2016, p. 22): 

En un bosque de hayas, los árboles igualan sus debilidades y sus fuerzas; sin importar si son gruesos o delgados, todos los ejemplares producen la misma cantidad de azúcares en cada hoja con ayuda de la luz.  La igualdad se produce bajo tierra a través de las raíces mediante un intercambio activo en el
que entran en juego hongos que con su gigantesca estructura en forma de red actúan como una enorme máquina de distribución. Ello recuerda un poco al sistema de ayuda social, el cual impide que los miembros más desfavorecidos de la sociedad se hundan demasiado.  Para las hayas la densidad no es un problema, sino todo lo contrario. 

Joaquín Araújo  estaría de acuerdo con Wohlleben, porque él mismo ha dicho: La arboleda en realidad resulta indistinguible de nuestros primeros pasos, de nosotros mismos. De ahí que nada palidezca, sino todo lo contrario, si afirmamos que somos como somos porque una vez, no hace tanto tiempo, fuimos bosque. Reconozcamos, como nos enseñan los antropólogos, que la mayor parte de nuestro aspecto es el resultado de una convivencia,  de algo más de 10 millones de años. Nada de irreal tiene el afirmar que los primeros borbotones de la inteligencia, la comunicación verbal, los sistemas sociales y la habilidad manual, nacieron entre troncos, sombras y espesuras. Hasta el punto de que pocas cosas hemos hecho tan decisivas como “andarnos por las ramas”. Nuestros primos, los grandes primates, están todavía ahí para recordárnoslo.

Esta es solo una de las diversas posibilidades de mirar para aprender, porque, como nos recuerda Rifkin en su último libro El green new deal global, lo que aprendemos del cambio climático es que todo lo que hacemos afecta al funcionamiento de todo lo demás en la Tierra y tiene consecuencias para el bienestar de todas las criaturas con las que cohabitamos en el planeta.

Aprender a vivir en lugar de dominar es lo que nos lleva del dominio a la protección y del desapego antropocéntrico a la profunda colaboración con la Tierra viviente.

Muchas formas diferentes de aprender mirando a la naturaleza. Y muchas aplicaciones prácticas de esos aprendizajes, en nuestra vida particular, en los colegios, las empresas y otras instituciones, la política…

Las hayas intercambiando azúcar a través de sus raíces mediante la colaboración de los hongos se nos muestran como un ecosistema eficiente que puede inspirarnos para aplicar la idea en nuestro mundo empresarial; por ejemplo, en el sector comercio.

Somos conscientes de que cada vez es más difícil encontrar "comercios de toda la vida" en el entorno urbano. Han sido desplazados por unas cuantas multinacionales que ahogan los pequeños negocios, estandarizan el aspecto de las ciudades,  solo ofrecen productos muy rentables para ellas, dejan desiertos barrios enteros, entierran la cultura y tradiciones locales…. además de favorecer la compra de productos con gran huella ecológica en sus diferentes fases de producción, distribución y venta.

Si fuéramos capaces de mirar el tejido comercial de una ciudad como si fuera un hayedo es posible que encontráramos soluciones más respetuosas con el negocio local y con el planeta:  una asociación de intercambios de diversa índole favorecidos y apoyados por un sustrato común a modo de hongos, que favoreciera la salud y supervivencia de cada una de las "hayas": una asociación de comerciantes más allá de las típicas asociaciones, porque en este caso hablamos de compartir en función de las características de cada una; por supuesto que no se pueden hacer recomendaciones generales porque cada comercio, como cada árbol, tiene sus propias características;  pero poner en común las experiencias y conocimientos de cada comercio con espíritu de servicio a los demás y filosofía ganar - ganar  y compartir podría ser una excelente manera de fomentar esa capa invisible de hongos que favorecen los intercambios y la vida del ecosistema entero.

Tenemos capacidad suficiente para hacerlo con éxito, solo hemos de cambiar el enfoque y basarnos en la moral.  Tal como apunta Bekoff,  los científicos señalan que en realidad la moral tiene profundas raíces evolutivas anteriores en millones de años a la aparición de la humanidad: todos los animales sociales, como lobos, delfines y monos, poseen códigos éticos, adaptados por la evolución para promover la cooperación del grupo.

Plantearnos esta nueva visión global tiene también ventajas para las personas implicadas: la satisfacción personal que se logra cuando se tiene la certidumbre de que se está haciendo lo mejor posible para sí, los demás y el planeta incrementa la autoestima y la sensación frecuente de felicidad. Y ello genera una espiral virtuosa que consigue al fin mejorar la sociedad.

Si pudiéramos avanzar por este camino se podría demostrar que aplicamos con éxito esa preciosa frase de Gomá Lanzón que reza: Compórtate de tal manera que tu muerte sea escandalosamente injusta.


12 de octubre de 2019

Mantén sano tu cerebro con Mozart


Siempre me ha gustado la música clásica, e incluso me diplomé en el método Tomatis porque me pareció una muy buena forma de mejorar la capacidad cerebral y disfrutar a la vez.

Me gusta especialmente Mozart, hasta el punto de que tengo sus obras completas y utilizo su maravillosa música tanto en el ámbito personal (para relajarme, para abstraerme,  para sentir la grata sensación de disfrutar de la vida, para dormirme con una sonrisa…) como en el profesional (para cohesionar equipos, para visualizar metas, para estimular la creatividad, para simular situaciones de trabajo, etc., etc.).

También extraigo de su vida diferentes ejemplos (perseverancia, resiliencia, capacidad de disfrutar con el trabajo, conjunción espíritu lúdico + rigurosidad, etc., etc. ).

Y ahora encuentro este magnífico estudio finlandés divulgado por Julio Rodríguez,  donde se demuestra que escuchar música clásica  mejora la actividad de los genes implicados en la secreción y transporte de dopamina, la neurotransmisión sináptica, el aprendizaje y la memoria, y baja la expresión de genes que median la neurodegeneración.

Estoy feliz 😀.  Cuando los científicos consiguen demostrar algo que de una u otra forma ya sabíamos subimos un escalón en nuestra búsqueda de conocimiento.   Como explica mi profesor y amigo Itamar Rogovsky [comunicación personal],  cuando alguien conoce sus propios recursos empieza por saber lo que sabe y los recursos que no tiene, aunque también sabe que sabe cosas que no sabe que las sabe. (Es una de las bases de la Metanoia, conocimiento afectivo que no pasa por el raciocinio).

Así que ahora se puede asegurar con certidumbre científica que Mozart ayuda a mantener joven el cerebro.  Es una gran noticia que espero compartas, porque desde el punto de vista social a todos nos interesa convivir con personas sanas, capaces y conocedoras de sus puntos fuertes para ponerlos a su propio servicio y al de la sociedad.

Otro aspecto de este estudio que ha llamado mi atención es que varios de los genes regulados eran conocidos por ser responsables del aprendizaje de canciones y el canto en aves, sugiriendo un fondo común evolutivo entre especies en cuanto a la percepción de sonidos. 

Ya era algo conocido, en efecto, pero encuentro muy apropiada la mención en estos momentos en que vivimos inmersos en una sociedad antropocéntrica que favorece la idea de que las personas somos el centro del universo; por ejemplo, muchos de los desastres ambientales que estamos sufriendo son consecuencia del modelo de gestión corporativa vigente desde el siglo XIX, según el cual la naturaleza es solo una fuente de recursos al servicio del progreso económico.

Parece ser que ahora empezamos a darnos cuenta de que no somos más que uno de los muchos seres vivos que habitamos el planeta (con los que tenemos muchas cosas en común), lo cual es esperanzador porque si cambiamos de una visión antropocéntrica a esa nueva cosmovisión aún podemos revertir tanto desastre y asegurar la vida a las futuras generaciones humanas y no humanas.

En eso andamos  😏 ¿Te apuntas?

Aquí te dejo el  concierto de violín de W.A. Mozart Nr 3, G-major, K.216 que utilizaron en el estudio. Disfrútalo.



Enlaces relacionados:
Inteligencia musical y liderazgo de servicio
Cerebros conectados
Biomimética Organizacional, charla TED

11 de abril de 2019

Equipos multidisciplinares para ayudar al planeta

Cinco universidades europeas se han unido en una investigación para lograr (lo han logrado) que un grupo de abejas en Austria y un grupo de peces en Suiza se comuniquen entre sí coordinando sus decisiones.

Utilizan  algoritmos evolutivos (IA) relacionados con la biomimética. Los robots aprenden a comunicarse con estos dos grupos de animales hasta que consiguen que sus respectivos comportamientos grupales estén coordinados.  Es decir, consiguieron modificar las pautas de comportamiento habituales de cada uno de los grupos.

Parece ser que los científicos consideran muy importante este logro, porque permitiría que los humanos interfieran con las sociedades animales para gestionar el medio ambiente, consiguiendo que las máquinas traduzcan señales biológicas cuya comprensión podría ayudar, por ejemplo, a que las aves evitaran los aeropuertos o que los animales polinizadores se dirigieran hacia cultivos orgánicos alejándose de cultivos con pesticidas.

Tienes información más detallada en Tendencias21.

Como todo avance científico, tiene su lado luminoso y su lado preocupante.

El lado luminoso es que podremos entender cada vez mejor a la naturaleza, algo imprescindible para esta sociedad nuestra urbanita, apresurada y alejada de los entornos naturales, cuyo desconocimiento es responsable en gran medida del daño que estamos haciendo al planeta.

El lado preocupante es que las máquinas serían capaces de imitar de tal modo a la naturaleza que podrían decidir por ella interfiriendo artificialmente en los ecosistemas.  Estos ejemplos que nos ofrecen los científicos son efectivamente intervenciones en los ecosistemas, y ambos tienen algo en común:  obtener provecho para la humanidad.  Si alejamos a las aves de los aeropuertos tendremos menos accidentes, y se alejamos a los polinizadores de los cultivos tratados con pesticidas conseguiremos que la humanidad tenga menos enfermedades.

La ciencia sigue avanzando, pero todavía está inmersa en una visión antropocéntrica que no va a ayudar a proteger el planeta.  Necesitamos una cosmovisión que nos permita considerarnos una parte del gran ecosistema Tierra, no los dueños y señores. ¿Conocer cómo se comunican los animales? Sí, pero para aprender a hacerlo mejor nosotros, no para interferir en sus comunicaciones para nuestro propio provecho.

Una vez más acudo a la reflexión de Jorge Wagensberg:



De forma que nos interesaría acometer las investigaciones científicas desde el punto de vista de que somos una parte más de la Tierra. Entiendo que para los científicos puede resultar difícil y un tanto alejado de sus praxis, pero aquí más que nunca deberíamos potenciar la formación de grupos interdisciplinares para plantearse los problemas desde diferentes y enriquecedores puntos de vista.

Un ejemplo que a primera vista resulta un tanto extraño pero que podría adaptarse al tema que tratamos es este: Richard Davidson, doctor en Neuropsicología e investigador en neurociencia afectiva, es  miembro del consejo del Foro Económico Mundial de Davos, para convencer a los líderes de que hay que hacer accesible lo que sabe la ciencia sobre el bienestar.

Es muy significativo que Davos escuche a científicos expertos en intangibles como la empatía y la compasión.  Y también es muy esperanzador, lo considero una magnífica prueba de lo bien que funcionan los equipos multidisciplinares.

¿Qué ocurriría, por ejemplo, si incluyéramos en la formación de los científicos conocimientos sobre sufrimiento, empatía, compasión…?   ¿Qué ocurriría, por ejemplo, en el equipo que estudia la comunicación entre diferentes especies, si se incluyera algún miembro especializado en Psicología, Psiquiatría, Filosofía, Ética, Etología… ?

Personalmente estoy convencida de que los resultados de las investigaciones serían muy distintos:  la ciencia avanzaría, sí, pero para aprender de la naturaleza y reaprender a ser parte de un ecosistema. Porque respetar a la naturaleza es la premisa básica para que todos nosotros sigamos en este pícaro mundo;  todo lo demás nos llevará más pronto que tarde a la extinción por  desaparición de nuestro hábitat.

¿Quieres compartir aquí tu opinión al respecto?

Tienes más información sobre Davidson aquí.

27 de septiembre de 2018

Empleados sin trebejos

Escultura ante el edificio Harpa, Reykjavík (I)
Junto al precioso edificio Harpa, en Reykjavík, se encuentra la escultura de un músico preparado para ejecutar su pieza en el concierto:  mirando hacia el director, sentado con la espalda recta, las piernas dispuestas para acoger el instrumento, la mano izquierda en el mástil, la mano derecha dispuesta a atacar las cuerdas...

Un momento: ¿dónde está el arco? ¿Cómo se puede tocar el violonchelo sin un arco?  Quizás solo deba tocar un pizzicato.  Es posible, pero en ese caso no se entiende la posición del brazo derecho.

La escultura parece querer representar al músico en el transcurso de la ejecución de una obra.  Yo aseguraría que no hay ninguna obra en la que solamente se toquen pizzicatos, además de que no sería representativo del edificio vecino, dedicado a convenciones y conciertos.  Así que parece lógico pensar que está interpretando una obra convencional... pero sin arco.

¿Se trata de un músico excelso, capaz de hacer vibrar las cuerdas solo con hacer el gesto adecuado? ¿Es un instrumento del futuro, que únicamente necesita la puesta en escena para deleitarnos con sus sonidos? ¿Es una broma que el músico gastó al director de orquesta? ¿Se le rompieron las cuerdas del arco y continuó el concierto disimulando como si no hubiese ocurrido nada?

Estas y otras muchas preguntas podemos hacernos ante tan sorprendente escultura.  Yo la he asociado sobre todo a situaciones más corrientes de lo deseable en las que la organización está pidiendo al empleado que consiga objetivos sin dotarle de los recursos adecuados.

En estas circunstancias suele ocurrir que el empleado hace como si realmente estuviera centrado en la consecución de los objetivos:  habla por teléfono, teclea en su ordenador, asiste a reuniones, busca información, escucha a su jefe... todo parece estar en orden.  Pero la realidad es que los objetivos no se alcanzarán porque la falta de medios lo impide.

El empleado está, pues, en una situación estresante en la que no se atreve a reclamar lo que realmente necesita y no se atreve a abandonar el proyecto.  Mal para el propio empleado, mal para el equipo / jefe del proyecto y mal para la organización.  Se ha perdido tiempo, se han aplicado mal los recursos existentes, se ha generado confusión y malestar, se está propiciando la aparición de respuestas indeseadas en el mercado...

La carencia de medios es evidente.
Escultura ante el edificio Harpa, Reykjavík (II)

¿Por qué no lo admite el jefe / la organización?
Falta de los medios necesarios, falta de visión de futuro, falta de  respeto a las personas, falta de  recursos económicos, falta de flexibilidad para redefinir los objetivos, falta de planificación... las causas suelen ser múltiples y entrelazadas, pero en cualquier caso la ejecución es francamente mejorable y el precio a pagar por parte de los empleados demasiado alto.


(Puedes ojear un artículo relacionado, ¿Cuestión de tacones?)

  Esta curiosa escultura, con su curiosa falta del arco, puede ser solo un motivo para dar qué pensar al observador, pero en cualquier caso no forma parte de la normalidad.

¿Seguro?  Mira esta escultura sita ante el edificio Perlan de la misma ciudad: 

Escultura ante el edificio Perlan, Reykjavík
Este cuarteto está en plena ejecución, se ve claramente que sus cuerpos acompañan la melodía.  Podemos, por sus posturas, intuir qué instrumento está tocando cada uno. ¿Dónde están los instrumentos?  Como en el caso anterior, es éste un curioso caso de empleados capaces de realizar su trabajo sin disponer de los trebejos correspondientes.

Por lo visto, en Reykjavík son capaces de hacer maravillas partiendo de cero 😉.

Desconozco el móvil que llevó a los escultores a ofrecernos sus obras inacabadas de esta forma tan sugerente.  Personalmente, pasé un buen rato observando y suponiendo al lado de cada una de ellas, y concluí la visita con un buen sabor de boca:  no sé por qué lo hicieron así, pero sí sé que son creativos, sugerentes, provocadores y un tanto guasones.  Necesitamos muchas personas así en esta sociedad actual tan centrada en malas noticias...