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2 de julio de 2019

Esperanza es nombre de mujer


Estatua de Luo Li Rong
Se vislumbra un próximo futuro en el que las mujeres estén en condiciones de aportar en paridad con los hombres.

De los 7.500 millones de personas que vivimos en este planeta, aproximadamente el 50% somos mujeres.  Muchas mujeres en términos absolutos, pero muy pocas teniendo en cuenta el peso que tenemos en las decisiones que se toman y nos afectan a todos.

Nuestra sociedad ha dado siempre prioridad a la visión masculina de la vida hasta el punto de que nuestra historia es prácticamente una retahíla de figuras masculinas en la que alguna vez aparece tímidamente alguna fémina.  Naturalmente, eso ha supuesto que la vida se vea con ojos masculinos: la economía, la ciencia, la política, las corrientes de pensamiento... son masculinas.  (Eso que tienen nombres femeninos, menos mal 😈).

Hasta ahora.  Este siglo, con sus facilidades para compartir, comunicar, aliarse y avanzar está suponiendo una oportunidad única para que ese 50% de la población comience a conquistar la cuota de representatividad que le corresponde.

Es una oportunidad de oro, porque una visión masculina de la vida nos está llevando hacia el desastre planetario.  No estoy diciendo que las mujeres lo vamos a hacer mejor, sino que podemos aportar una visión diferente que enriquezca la instituida para trabajar conjuntamente en la defensa de nuestra casa común que, ay, se nos está desmoronando a pasos agigantados.

No solo la tecnología se está convirtiendo en nuestra aliada: parece ser que incluso la naturaleza está de nuestra parte.  Además de ser quienes podemos parir,  la madre naturaleza nos trata con cariño. ¿Sabías que el gen del guerrero juega a nuestro favor?  Influye en la producción de dopamina y serotonina, pero, mientras que a los hombres les estimula el gusto por el riesgo y otros comportamientos "masculinos", a las mujeres nos incrementa los niveles de felicidad.

Así que vamos a aprovechar la alianza estratégica tecnología + naturaleza para conseguir la visibilidad que merecemos y el planeta necesita.  Por mi parte,  jaleo y divulgo siempre que puedo los logros de diferentes mujeres en diferentes ámbitos, y estoy convencida de que si lo hacemos muchas mujeres (y algunos hombres convencidos) el efecto multiplicador será imparable. ¿Te animas?

Mi frase - lema es Esperanza es nombre de mujer.  Porque podemos y queremos aunar todas nuestras cualidades, capacidades, conocimientos y compromiso para conseguir junto con los hombres un mundo mejor. 

Así que te dejo aquí una pequeña relación de mujeres que admiro por diferentes motivos.  Obviamente no están todas las que me gustaría mostrarte, pero en este momento solo estoy haciendo un pequeño ejercicio para animarte a que tú también lo pongas en marcha.

Desde la ciencia, podemos fijarnos en  Valentina Tereshkova, la primera mujer astronauta; Montse Calleja, que trabaja en sensores nanomecánicos; Elena García Armada, que ha desarrollado exoesqueletos biónicos para niños; María Casado, especialista en bioética. También te puede interesar echar un vistazo a Las 8 mujeres más influyentes de la ciencia en España  y Mujeres con Ciencia .

Desde la filosofía, podemos encontrarnos con  Adela Cortina, una pionera en ética aplicada a la organizaciones;   Amelia Valcárcel  y su defensa de la mujer;  Marta Tafalla,  centrada en ética medioambiental con un foco interesante en la vertiente ecoanimal;

Mujeres que luchan por los animales,  Jane Goodall conocida en todo el mundo, y otra más próxima  que también dedica la vida a ello, Silvia Barquero;

En tecnología me encanta  Janine Benyus , una pionera en aprender de la naturaleza;

Mujeres que ayudan a abrir la mente y a sentrise bien en el rol femenino:  Rosa Montero por su capacidad de empatizar y Elvira Sastre  por su sensibilidad;

Mujeres varias valientes defendiendo la naturaleza: Meet 6 women fighting for clean water;

Políticas que están diseñando un nuevo rumbo para sus países:  Jacinda Ardern  en Nueva Zelanda, por centrarse en el bienestar de la población en lugar del PIB;   Erna Solberg, de Noruega, por luchar contra la deforestación y en pro del medio ambiente;

Y mujeres jóvenes, comprometidas y entusiastas, nuestro gran futuro, nuestra gran esperanzaMalala Yousafzai peleando por los derechos civiles, Greta Thunberg  para frenar la crisis del clima,  Carola Rakete salvando vidas a riesgo de su libertad...




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18 de abril de 2015

Al alimón: Mujeres con los dedos verdes



Post escrito por y entre Edita Olaizola y Laura Rosillo 


Imagen:  Lucía Meler

Soy mujer

Me di cuenta bastante pronto,  con la primera exigencia y la primera prohibición … ¿Por qué yo tenía que hacerme la cama y ayudar a recoger la mesa y mis hermanos no? Son muy pequeños, decía mamá… y siempre fueron más pequeños que yo.

Tampoco me dejaron hacer de monaguillo, con lo que mí me gustaban los encajes y el incienso. Era cosa de niños, las niñas llevábamos velos blancos y misales de nácar;  y teníamos que mostrar recogimiento y devoción, ¡nada de agitar campanillas!

Pero al margen de lo doméstico y el boato religioso, yo noté una diferencia sutil desde que tengo memoria: una tenue hermandad que transita desde abuelas a nietas, a través de canciones, juegos, refranes …, sólo para niñas, que crean los cimientos de nuestra común cultura popular.

Y si Mambrú se fue a la guerra, qué dolor, qué dolor, qué pena …; yo soy la viudita del conde Laurel que quiero casarme y no encuentro con quién … Las canciones de corro sellaron para siempre una hermandad que llega hasta hoy que  - con sorprendente facilidad -  comparto opinión y sentimientos con mujeres conocidas, pero también desconocidas, de todas las edades con las que siento una corriente de complicidad natural.


Me gusta ser mujer

Conozco hombres magníficos y mujeres impresentables. No he hecho nunca un estudio, ni profundo ni somero, sobre el porcentaje de unos y otras sobre la población en general. He leído de todo sobre hombres y de todo sobre mujeres. Muchísimas personas viven directa o indirectamente de defender o denostar los derechos de las mujeres …

En suma, no tengo datos científicos y contrastados para decir lo que digo: me gusta ser mujer. Y lo digo tranquila y convencida, sin datos pero con el convencimiento de que los datos no son todo en la vida (supongo también que habrá más mujeres que hombres quienes estarán de acuerdo con mi última aseveración).

Aunque me encanta la tesis de Pablo Herreros Ubalde en su blog: Somos Primates sobre las “ Armas de Mujer .


Creo firmemente que las mujeres, en general, no estamos tan supeditadas a los datos para albergar una convicción de este tipo, porque hablamos de algo tan profundo e intangible como nuestra propia idiosincrasia. En el fondo de nuestro ser no necesitamos ninguna argumentación externa para creer lo que creemos: es bueno ser mujer.

Y me cuesta muy poco “ meterme en harina” en un proyecto profesional grupal si somos mujeres, del mismo modo que, de forma natural, nos repartimos las tareas de intendencia en una fiesta, en una reunión , en la familia, mientras los hombres hablan de sus cosas y nos observan deambular poniendo orden, distribuyendo la comida, arreglando desperfectos … intentando que la velada sea más agradable.

 Nunca sentí ninguna diferencia respecto a los hombres a no ser esa hermandad femenina que además he sentido no sólo en mi ciudad y mi país , sino en todos los lugares en los que he estado con poquísimas excepciones que tienen que ver con usos y costumbres demasiado diferentes a los míos.

Nunca tuve problemas (ni para liderar un proyecto, ni para conducir un equipo) por ser mujer que no fueran un salario menor que un hombre en mi mismo puesto.  Pero el dinero nunca fue para mí el principal motivo para aceptar un nuevo reto, un nuevo encargo. A lo largo de mi vida laboral he tenido más jefes que jefas, pero no he notado diferencias sustanciales en su estilo de liderazgo, y así he tenido jefes detallistas  y centrados en las personas - que son cualidades que suelen atribuirse a mujeres -  y jefas autoritarias muy centradas en el poder, que son cualidades que suelen calificarse de masculinas.

 En general, las mujeres
  • somos el pilar de la sociedad en muchas circunstancias, desde una remota aldea africana hasta la abuela que cuida del nieto y además coopera a la economía familiar con su exigua pensión;
  • somos el paño de lágrimas de los miembros de la familia, las amistades, colegas del trabajo y otras personas de nuestros círculos habituales;
  • somos trabajadoras hasta el punto de asumir responsabilidades laborales, familiares y sociales simultáneamente;
  • somos quienes llevamos la peor parte en el reparto de bienes, no sólo económicos.

Me he limitado a resaltar cuatro de las muchas características que nos definen, y he escogido éstas porque tienen algo en común: la capacidad de cargar con responsabilidades propias y ajenas. Conozco pocos hombres y muchas, muchísimas mujeres que lo hacen cada día como algo natural.

Y a pesar de esta carga injusta y ancestral, somos capaces de reír, buscar el lado bueno de las cosas, disfrutar de los pequeños regalos que trae cada día, alegrarnos y alegrar la vida a muchas personas de nuestra área de influencia.
 
La madurez me ha traído algunos nuevos pequeños matices diferenciadores: Mi universo femenino, las mujeres que me han acompañado a lo largo de mi vida hasta ahora, se ha mantenido y se han reforzado los lazos en muchas ocasiones, y se ha ampliado, y cada mujer que llega a mi vida para compartir un proyecto, un aprendizaje, una reivindicación … llega para quedarse, sella el pacto secreto de apoyo mutuo que tenemos las mujeres y que se vuelve imprescindible en la madurez.

La madurez nos vuelve a las mujeres solidarias y nos empuja a cuidar de otros, a guiar a otros, a enseñar a otros …, como si nuestra vida hasta aquí hubiese sido un ensayo general para llegar a este momento en que volvemos a la tribu como brujas buenas, como  hadas madrina, mujeres con los dedos verdes que todo lo que plantan, enraíza … y florece.

http://bit.ly/1aFPuae


 Me gusta ser mujer

Mira tres ejemplos:

1. En un contexto social: en el Hagadá Kaufmann (siglo XIV), una ilustración de una orquesta femenina. Es fácil imaginar que en una sociedad judía medieval la vida no debía resultar fácil para las mujeres, pero ahí están, deleitándose y deleitando con la música.






2. En un contexto urbano: fachada en la calle Libertad, obra de las Ganchilleras de Zaragoza, cuyo lema es 'conseguir provocar una sonrisa a través de nuestras acciones y poner color en nuestras calles' (además de integrar socialmente a mujeres extranjeras).




3. En un contexto profesional: En el Garden La Noguera (@gardenlanoguera), las empleadas han realizado este precioso trabajo por propia iniciativa, para decorar el establecimiento y alegrar a los clientes que se acercan a la puerta.



Tres contextos diferentes con algo en común: la capacidad femenina de hacer el trabajo, hacerlo bien, hacerlo por encima de lo exigible y hacerlo aportando además pequeños rayos de alegría, ilusión, estética y ética a la sociedad.

Lo dicho: me gusta ser mujer,  y como dice Javier Marías (@jmariasblog) en El País, las mujeres son más jóvenes, , celebrar la alegría de estar juntas.

Me gusta ser mujer.