John Evelyn, escritor y jardinero inglés (1647-1706), publicó en 1661 el tratado Fumifugium.
La obra abordaba la inconveniencia del humo existente en Londres. Estaba escrita en forma de carta al rey Carlos II de Inglaterra y en ella planteaba los problemas del aire que sufría Londres, remontándose en su exposición hasta la era medieval. Se trata de una de las primeras obras dedicadas a afrontar los problemas del medio ambiente.
En el libro podemos distinguir tres partes:
La primera aborda la importancia del aire, lugar donde en muchas culturas se ha ubicado el alma y cuya pureza es fundamental para la salud.
La segunda parte propone algunas soluciones para la polución del aire, recomendando que las empresas contaminantes se vayan fuera de la ciudad.
Y la tercera describe formas de mejorar la calidad del aire en Londres mediante la plantación de árboles, flores aromáticas y vegetación.
Fumifugium es todo un ejemplo temprano de activismo intelectual medioambiental. Ya en el siglo XVII había mentes privilegiadas que observaban la importancia de cuidar de la naturaleza para garantizar la salud y la supervivencia.
Y había, además, mentes mercantilistas obnubiladas por los éxitos económicos. Exactamente como ahora, poniendo el dinero por delante de la salud de las personas y de la naturaleza.
Así nos va. Ya dice el refrán: de aquellos polvos vienen estos lodos. ¿Cuándo seremos capaces de desterrar el pensamiento típico del siglo XVII y diseñar un modelo de sociedad acorde con los conocimientos del siglo XXI?
Por si pudiera servir, cuelgo aquí un artículo sobre Biomimética Organizacional, el nuevo modelo de gestión que aprende de y respeta a la naturaleza:

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