16 de mayo de 2017

A la puerta de un jardín sin tapias

De cerdos voladores a hormigas, o cómo acompañar a la organización en su viaje hacia el éxito
A la puerta de un jardín sin tapias,
y sentado en una piedra de madera 
había un ciego leyendo
en un papel sin letras
a la luz de un candil apagado.
Y, a su alrededor,
una manada de cerdos
revoloteaba de flor en flor.

Esta curiosa composición, que mi padre me recitaba muy serio y que me hacía devanarme los sesos intentando comprender su significado, ha salido repentinamente de la trastienda de mi memoria para ejemplificar algo que  veo a menudo en diferentes organizaciones públicas y privadas:  este ciego y su entorno es una representación excelente del modelo de gestión que aún se aplica en muchas organizaciones de este siglo.  Veamos:

Un jardín sin tapias es el entorno en el que se mueve la organización. Por mucho que quienes la dirigen intenten poner puertas, esa organización está en contacto constante con otras realidades que la
envuelven:   la información  y el conocimiento que corren por las redes, las actividades de clientes y proveedores, las normativas que evolucionan, las tendencias del mercado, los movimientos de los ciudadanos, los vínculos de los empleados con multitud de personas ajenas a la organización... Todo ello en constante movimiento y evolución, penetrando por ósmosis en la organización que intenta colocar y defender sus puertas para conservar todo lo que hizo bien hasta la fecha y pretende que siga siendo igual de valioso que lo fue hasta el momento.

Incluso puede instalar una puerta blindada y con numerosas cerraduras de seguridad (por ejemplo, estableciendo estándaress internacionales en materia de compliance)... pero no se ha percatado de que se está quedando sin tapias:  los ladrillos de la tapia se han convertido en membranas celulares que permiten el trasiego de nutrientes y desechos para mantener la vida interna en constante interrelación con el medio. 

Una piedra de madera simboliza aquello vivo y valioso que la organización ha desechado para reemplazarlo por "adelantos" apreciados en el mercado actual:   pueden ser los valores corporativos reemplazados por el afán de lucro, desechar las energías renovables para reestablecer las más económicas / accesibles derivadas del petróleo,  una campaña de greenwashing en vez de las buenas prácticas anteriores que suponían un sobrecoste a corto,  desvincular empleados mayores para sustituirlos por jóvenes también más económicos a corto, o...

En cualquier caso, la organización se resiente a medio plazo porque su posicionamiento miope e irrespetuoso con su entorno le pasará factura en forma de clientes insatisfechos que "huyen" hacia propuestas que generen valor, empleados que buscan otras oportunidades profesionales en organizaciones mejor valoradas en el mercado, inversores que colocan su dinero en empresas con mejor reputación...


Había un ciego leyendo
representa muy bien al equipo de dirección de una organización que no es capaz de "leer" qué está ocurriendo:  su mirada es incapaz de percibir el complejo ecosistema en que está inserta la organización, ni los síntomas que van apareciendo aquí y allá en los diferentes subsistemas que la mantienen viva.  De forma que  a los empleados se les somete, a los proveedores se les constriñen las condiciones de aprovisionamiento,  a los clientes se les ofrecen respuestas estándar a quejas y reclamaciones, a las administraciones públicas se les escamotea información sensible... y de esta forma se tiene la ilusión de que todo sigue como acostumbraba.

 En un papel sin letras es una forma de representar la carencia de elementos estratégicos: no hay pautas a seguir, no existe un marco que contextualice las relaciones entre procesos, se echa en falta una guía que facilite la reflexión sobre el destino deseado por parte de la organización, no se ha establecido la forma de resaltar los logros conseguidos hasta la fecha, flaquea la memoria corporativa, la visión y misión está desdibujada o ignorada... y todo este conjunto de carencias provoca un vértigo similar al que siente un escritor ante el folio en blanco. ¿Qué decir, por dónde empezar, cómo ordenar, cómo transmitir...?  Ansiedad, impotencia, desinterés y otros sentimientos se potencian mutuamente provocando que las personas que trabajan en la organización se desvinculen emocionalmente (incluso físicamente si les es posible), lo que no garantiza precisamente para esta organización un buen posicionamiento en el mercado.

A la luz de un candil apagado.  Ante tanto desconcierto se puede acudir a alguien que brinde luz para poder percibir dónde se está en estos momentos y cuáles pueden ser las posibles salidas. Puede buscarse la ayuda de un auditor, un consultor, un conocido de prestigio, un antiguo directivo de la casa que tuvo éxito en su tiempo, hacer benchmarking...  Lo importante en esta fase es darse cuenta de que, igual que un candil encendido en la oscuridad, esta ayuda debe molestar momentáneamente a los ojos acostumbrados a la oscuridad.  Es muy corriente, al contrario, desechar el concurso de quienes resultan molestos y aceptar en cambio diagnósticos, resúmenes y recomendaciones de quienes ayudan a mantener la calma y apaciguar los temores.  Una postura cómoda en esos momentos pero demoledora para la organización a medio plazo, puesto que se condena a ser superada por los competidores y desaparecer del mercado.


A su alrededor, una manada de cerdos revoloteaba de flor en flor.  Un cerdo volando es una forma habitual de representar el anhelo de hacer realidad lo imposible. 

Sumergida en tantas dificultades y navegando en una barahúnda de sentimientos, frustraciones y esperanzas, la organización busca alivio trasladándose al mundo del como si: como si ya hubieran resuelto las dificultades, como si ya hubieran conseguido establecer vínculos consolidados con sus partícipes, como si ya estuvieran recogiendo los frutos de sus desvelos... 

Es una forma de tomar aire para poder seguir en el día a día, e incluso puede ser positivo si después se consigue que los cerdos voladores aterricen para metamorfosearse en hormigas u otros animales que nos explican cómo organizarse para conseguir éxitos duraderos y respetuosos con todos los elementos del entorno.  Después de todo, quizás no sean tan malos los cerdos voladores :-)
 
Así que esa curiosa historia paterna podría interpretarse como una receta para gestionar las organizaciones:

  • Conocer el entorno complejo y las interrelaciones que se generan;
  • no prescindir de lo valioso antiguo;
  • entender el ecosistema y cada una de sus partes;
  • definir bien objetivos y estrategias;
  • buscar ayuda;
  • dejar volar la imaginación y aterrizar.
¿Qué otros puntos incluirías en la receta? Te escucho.

2 comentarios:

  1. Miguel Foraster18/5/17

    Apreciada Edita: Es fantástica la interpretación que das al pensamiento que expresaba tu padre, con dibujos e imágenes que acompañan. Cuando al final del post pides sugerencias para más puntos, quizás se podrían considerar: (1) incorporación de los valores novedosos que atesoran los jóvenes y que antes no contemplábamos o valorábamos; (2) prospectar el futuro, ya que se pergeña con unas características ajenas a lo que nosotros conocemos; (3) crear adhesiones firmes al proyecto, con la construcción de una ética interna (una derivada de la “cultura corporativa”); (4) proponer retornos a la sociedad, más allá del pago de impuestos, mediante externalidades tangibles (por ejemplo, liderando proyectos alejados del objeto de la corporación pero que benefician al conjunto o a una parte de la sociedad). Quizás pueda servirte alguno de estos puntos. Un saludo de Miguel Foraster

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    1. Aspectos capitales a incorporar a cualquier empresa sana, totalmente de acuerdo. Muchas gracias por tus aportaciones y por tu interés, Miguel :-)

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