21 de junio de 2012

Compromiso = 3R


Cada vez con más frecuencia se  menciona la palabra "compromiso" como engrudo imprescindible en las relaciones interpersonales: se espera compromiso por parte de los empleados, los proveedores,  los voluntarios... y de tantos otros colectivos que conforman nuestra sociedad.
¿Notas algo extraño en el planteamiento que acabo de hacer?
Sí, que menciono tres colectivos (empleados, proveedores, voluntarios) pero no sus respectivos partners. ¿Qué es de un empleado sin su empresa, de un proveedor sin su cliente, de un voluntario sin su ONG? Y, sin embargo, lo habitual es omitirlos.  Es decir, parece que el compromiso tiene que existir sólo en una de las dos partes, la habitualmente mencionada.  Incluso las definiciones de la RAE van en este sentido.
Este planteamiento trasnochado y egoísta no funciona en la actualidad.  Las personas tienen más información, formación y oportunidades, son más adultas y no aceptan planteamientos asimétricos de este tipo.
Lo que sí es cierto es que sin compromiso las relaciones interpersonales no pueden llegar muy lejos:  tú y yo hemos visto múltiples casos en los que la relación se ha deteriorado - o roto - por falta de compromiso.  Y aunque es un fenómeno que ocurre en cualquier ámbito de la vida, ahora me refiero al contexto profesional.
Necesitamos que las personas se comprometan en su ámbito profesional porque nos hemos dado cuenta de que sin este "engrudo" los resultados son pobres:  baja la productividad, baja la calidad, baja la creatividad... y bajan los resultados. Así que vamos a fabricar engrudo profesional.

Engrudo casero
En la receta del engrudo casero que puedes ver clicando en el pie de la foto notarás que se necesitan tres ingredientes, las tres aes:  agua, azúcar y harina (permíteme la licencia, me aprovecho de que la hache es muda).

El engrudo casero necesita tres aes.  E = 3A.


El engrudo profesional o compromiso necesita tres erres: 
Respeto, reconocimiento y referencia. C = 3R.

Respeto: Es muy fácil de enunciar, pero algo más difícil de practicar. Respetar a una persona es tener en consideración lo que dice y hace mirándola como lo que es, una persona.  A menudo tomamos la parte por el todo, dando por sentado que el rol que representa en una relación (por ejemplo, empleado respecto al jefe) la define como persona.  Y si sólo nos relacionamos con ella en tanto que empleado ejecutando órdenes estamos excluyendo de la relación toda una riqueza cognitiva, experiencial y emocional que la persona guarda para sí en lugar de aportarla a la relación.  Nosotros definimos cómo hemos de relacionarnos y luego nos extrañamos de la pobreza de las aportaciones recibidas.
Tratar a las personas con respeto  es algo complejo  y está relacionado con el concepto de "huella líquida" expuesto en entradas anteriores.

Reconocimiento:  Me encanta la frase "píllales haciendo algo bien", aunque desafortunadamente no recuerdo el autor. Está demostrado que agradecer algo bien hecho (algo objetivo, que se pueda comprobar)  provoca sentimientos positivos y predisposición hacia comportamientos más eficientes. Ya sabes que el comportamiento cambia el sentimiento y el sentimiento cambia el pensamiento. Y ello ocurre porque la persona que se ha sentido reconocida entiende que se le está mirando precisamente como persona, alguien que pone lo mejor de sí para obtener los mejores resultados.  No se limita a ejecutar una tarea, sino que aporta lo mejor de sí y obtiene a cambio la mirada apreciativa del interlocutor.  Demos las gracias no sólo con palabras, sino dibujando oportunidades para que esa persona pueda expresarse en toda su riqueza...


Hacer un marco de plastilina
Referencia: un marco de referencia es vital para que una persona comprenda qué es plausible y qué no deseable en su entorno profesional. Lo que puede ser perfecto en un contexto o situación puede resultar desastroso en otra oportunidad. Todos necesitamos saber "qué terreno pisamos" para sentirnos seguros.  Necesitamos saber cuáles son los principios rectores que no pueden transgredirse y hasta dónde se puede llegar.  Muchas organizaciones consideran solventado el asunto con la redacción de la misión, la visión y los valores. Es condición necesaria pero no suficiente, porque lo verdaderamente importante es que esos conceptos difusos se plasmen en el día a día, a través de los juicios que hacemos sobre los comportamientos de las personas de nuestro entorno. Y que faciliten a la persona un marco de plastilina capaz de permitir cierto juego en función de las aportaciones y la creatividad de la persona, no un marco de cemento que constriña.

Te dejo aquí una reflexión de Lao Tse que me encanta:

El hombre nace blando y flexible.  A su muerte está endurecido y rígido.
Las plantas verdes son tiernas y llenas de savia.  A su muerte están marchitas y secas.
Por eso, lo rígido y no flexible es la disciplina de la muerte.  Por eso, un ejército sin flexibilidad nunca gana la batalla.
Lo rígido y endurecido se caerá.
Lo blando y flexible sobrevivirá. 

Y una cita del gran Tagore:

Cuando iba de aquí para allá, sin llegar a ningún sitio, estaba cansado de ti, camino;  pero ahora que me llevas a todas partes me siento tu enamorado.